Los recuerdos y las posibilidades son aún más horribles que las realidades.

H. P. Lovecraft

H. P. Lovecraft

Profesión: Autor
Nacionalidad: Americano


Los recuerdos y las posibilidades son aún más horribles que las realidades. H. P. Lovecraft

Sugerencias para ti :

Me sentí en el borde del mundo; mirando por encima del borde en un caos insondable de la noche eterna.

No esta muerto aquello que yace eternamente y con el paso de extraños eones, hasta la muerte puede morir.

Creo que el profesor Angell murió porque sabía o quería saber demasiado. Es posible que me aguarde un fin parecido, pues yo también he aprendido mucho.

¿Pero no son los sueños de los poetas y los cuentos de los viajeros notoriamente falsos?

Me parecía extraña la escasa altura de los templos principales y del corredor del subsuelo, tallado indudablemente por deferencia las deidades reptiles que ellos adoraban; aunque, claramente, obligaban a los adoradores a reptar.

La base de todo verdadero horror cósmico es la violación del orden de la naturaleza, y las violaciones más profundas son siempre las menos concretas y descriptibles.

Los gatos son las runas de la belleza, invencibilidad, maravilla, orgullo, libertad, frialdad, autosuficiencia y delicada individualidad - las cualidades de gente sensible, iluminada, mentalmente desarrollada, pagana, cínica, poética, filosófica, desapasionada, reservada, independiente, nietzscheana, intacta, civilizada, y de clase magistral.

Las mentes creativas son desiguales, y las mejores telas tienen sus puntos opacos.

En épocas extrañas hasta la muerte puede morir.

Si la religión fuera cierta, sus seguidores no tratarían de forzar a sus jóvenes a una conformidad artificial, sino que simplemente insistirían en su búsqueda imparable de la verdad, independientemente de los orígenes artificiales o consecuencias prácticas.

Nuestra capacidad para evitar un sueño prolongado era sorprendente, ya que rara vez sucumbíamos más de una hora o dos a esa oscuridad que ahora se había convertido en espantosa amenaza.

Entre las angustias de los días que siguieron está el mayor de los suplicios: la inefabilidad. Jamás podré explicar lo que vi y conocí durante esas horas de impía exploración, por falta de símbolos y capacidad de sugerencia de los idiomas.

Algo terrible llegó a las colinas y valles con aquel meteoro, y algo terrible, aunque ignoro en qué medida, sigue estando allí.

Ahora conocía la diabólica fabula que portaba aquel dorado esplendor, ahora evitaba la tétrica luz que antaño admiré con fervor; y un miedo espantoso y mortal ¡Ha apresado mi alma para siempre!