El remordimiento anulaba cualquier esperanza. Era el autor de males irremediables, y vivía bajo el constante terror de que el monstruo que había creado cometiera otra nueva maldad.

Mary Shelley

Mary Shelley

Profesión: Novelista
Nacionalidad: Británico

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Vi cómo se marchitaba y acababa por perderse la belleza; cómo la corrupción de la muerte reemplazaba la mejilla encendida; cómo los prodigios del ojo y del cerebro eran la herencia del gusano.

¿ Era el hombre, efectivamente, tan poderoso, tan virtuoso y magnífico, y no obstante tan depravado y tan bajo? Unas veces parecía un mero vástago del principio del mal; otras,lo más noble y divino que cabe imaginar.

Cualquier inteligencia normalmente dotada que se dedique con interes a determinada area, llega sin duda a dominarla con cierta profundidad.

Aprecio la vida, aunque sólo sea una sucesión de angustias, y la defenderé.

¿Cómo puede el hombre alardear de una sensibilidad superior a las de las bestias? Si nuestros impulsos fueran sólo los del hambre y la sed, los del deseo, estaríamos muy cerca de la libertad.

El aspecto encantador de la naturaleza me elevaba el ánimo; el pasado se me borraba de la memoria; el presente era tranquilo, y el futuro embellecido, por rayos luminosos de esperanza y expectativas de alegría.

¿Por qué presume el hombre de una sensibilidad mayor a la de las bestias cuando esto sólo consigue convertirlos en seres más necesitados? Si nuestros instintos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres. Pero nos conmueve cada viento que sopla, cada palabra al azar, cada imagen que esa misma palabra nos evoca.

Yo en cambio llevaba un infierno dentro de mi, y nadie podría arrancarlo jamás.

Quien no haya experimentado la seducción que la ciencia ejerce sobre una persona, jamás comprenderá su tiranía.

Nada contribuye tanto a serenar la mente como una finalidad permanente, un punto en el cual el alma pueda fijar su atención.

Mis sueños eran todos míos; Yo no le rendía cuentas de ellos a nadie; eran mi refugio cuando estaba molesto, mi más querido placer cuando era libre.

La vida y la muerte me parecían límites ideales, que yo primero debo romper, y vertir un torrente de luz en nuestro mundo oscuro.

Yo, como el archidemonio, llevaba un infierno en mis entrañas; y, no encontrando a nadie que me comprendiera, quería arrancar los árboles, sembrar el caos y la destrucción a mi alrededor, y sentarme después a disfrutar de los destrozos.

El lugar fue mi retiro, y descansé feliz de haber hallado un refugio, por miserable que fuese, para protegerme de la inclemencia de la estación, y aún más de la barbarie del hombre.