El amor debería exigir que ambas partes de n lo mejor de sí mismas en todo momento. El amor incondicional es un amor indisciplinado y, como ya hemos visto todos, el amor indisciplinado solo conduce al desastre.

Gillian Flynn

Gillian Flynn

Profesión: Autor
Nacionalidad: Americano

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Pero no lo dije en voz alta; a menudo no digo las cosas en voz alta, ni siquiera cuando debería. Contengo y compartimiento hasta un extremo preocupante: en el sótano de mi vientre hay cientos de botellas llenas de ira, desespero, temor, pero uno nunca lo adivinaría al verme.

Había sido un comentario grosero y de mal gusto. Mi cerebro eructaba pensamientos inapropiados en los momentos más inoportunos. Gases mentales que no conseguía controlar.

Hay una diferencia entre querer de verdad a una persona y querer la idea que te has hecho de ella.

Un montón de gente carece de ese don: el de saber cuándo desaparecer de la puta vista. A la gente le encanta hablar y yo nunca he sido muy hablador. Mantengo un monólogo interno, pero las palabras a menudo no llegan a mis labios.

El sol seguía siendo ojo furibundo en el cielo.

A veces me pregunto si esa es la raíz de su desprecio por mí: permite que vea sus defectos y me odia por conocerlos.

Habían insistido que me quedara..., insistido con la misma urgencia con la que en otros tiempos se habían arrojado sobre el camarero para arrebatarle la cuenta de la cena: la hospitalidad entendida como una feroz fuerza de la naturaleza.

Su cerebro es tan complejo que nunca trabaja únicamente a un nivel. Es como un yacimiento arqueológico interminable: cuando crees que has alcanzado la última capa y dejas caer el pico por última vez, descubres que hay otra mina entera debajo. Con un laberinto de túneles y pozas sin fondo.

Eres mejor que cualquier libro de cuentos, eres mejor que nada que cualquiera pueda inventar.

El sueño es como el gato: sólo viene a ti si lo ignoras..

Los irónicos siempre se deshacen cuando se ven confrontados con la más absoluta sinceridad, es su kriptonita.

Porque no se puede estar tan enamorados como lo estuvimos nosotros sin que ese amor te invada hasta el tuétano. Nuestro amor puede entrar en remisión, pero siempre sigue ahí, esperando para regresar. Como el cáncer más dulce del mundo.

Es un baño de humildad, eso de convertirte en precisamente aquello que en otro tiempo despreciaste.

La gente hace lo que se supone que debe hacer y después espera a que los colmes con tu aprecio; son como los empleados de las tiendas de yogur helado que dejan vasos sobre la barra para que eches la propina.