Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo.

Giovanni Papini

Giovanni Papini

Profesión: Periodista
Nacionalidad: Italiano

Sugerencias para ti :

Los hombres en general no son sino marionetas maltratadas por un titiritero.

Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar.

La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde.

Si un hombre cualquiera, incluso vulgar, supiese narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novedades que se hayan escrito jamás.

Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar.

Todos los hombres buscan una recompensa. Nadie hace nada por nada.

El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga.

Todo hombre paga su grandeza con muchas pequeñeces, su victoria con muchas derrotas, su riqueza con múltiples quiebras.

Después de treinta años se ve de verdad lo que se vale, porque se lucha con los más jovenes. Antes de los treinta se batalla con viejos y la empresa es mas cómoda.

Para amar a los hombres es preciso abandonarlos de cuando en cuando. Lejos de ellos, nos acercamos a ellos.

El amor no es capaz de ver los lados malos de un ser; el odio no es capaz de ver los lados buenos.

Las armas son instrumentos para matar y los Gobiernos permiten que la gente las fabrique y las compre, sabiendo perfectamente que un revólver no puede usarse en modo alguno más que para matar a alguien.

Cada hombre es diverso, distinto de los demás, inefable, único, absolutamente personal. La igualdad humana es una ilusión intelectualista engendrada por un anhelo sentimental.

Aburrirse en el momento adecuado es signo de indulgencia.