Nunca, por nada del mundo, podía uno desear que su dolor aumentara. Del dolor solo puede desearse una cosa: que cese. No hay nada peor que el dolor físico. Ante el dolor no hay héroes, no hay héroes, pensó una y otra vez mientras se retorcía en el suelo sujetándose el inutilizado brazo izquierdo.

George Orwell