¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?

Lo que se considera ceguera del destino, es en realidad la propia miopía.

Padre decía que esa especulación constante centrada en la posición de unas manecillas mecánicas sobre una esfera arbitraria es un síntoma del funcionamiento mental. Excremento, decía padre, como el sudor.

Las mujeres no son más que órganos genitales articulados y dotados de la facultad de gastar todo el dinero del hombre.

Porque Padre decía que los relojes asesinan el tiempo. Él dijo que el tiempo está muerto mientras es recontado por el tictac de las ruedecillas; sólo al detenerse el reloj vuelve el tiempo a la vida. Las manecillas estaban extendidas, ligeramente inclinadas haciendo un leve ángulo, como una gaviota suspendida en el viento.

Para ser grande hace falta un 99% de talento, un 99% de disciplina y un 99% de trabajo.

Si tuviera la posibilidad de elegir entre la experiencia del dolor y la nada, elegiría el dolor.

La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.

Todos fallamos en alcanzar nuestros sueños de perfección, así que nos ponemos nota sobre la base de nuestro espléndido fracaso al intentar lograr lo imposible.

No podrás nadar hacia nuevos horizontes si no tienes el valor de perder de vista la costa.

El lenguaje es como la morfina.

Aquello que se considera ceguera del destino es en realidad propia miopia.

Pero entonces supuse que por lo menos lleva una hora entera perder la noción de un tiempo que ha necesitado más que la propia historia para adecuarse a la progresión mecánica de esta.

Después todos hablaron de lo que harían con veinticinco dólares. Todos hablaban a la vez, insistentes y contradictorias sus voces, convirtiendo lo irreal en posible, luego en probable, después en hecho incontrovertible, como hace la gente al trasnformar sus deseos en palabras.

Pues cuando Él quiere que una cosa se mueva, bien que la hace alargada, sean caminos o caballos o carros; pero cuando Él quiere que una cosa se esté quieta, la hace para arriba, como los árboles y los hombres.

Un hombre vivo es mejor que un hombre muerto, pero ningún hombre vivo o muerto es mucho mejor que otro hombre vivo o muerto.

Los que pueden actúan, y los que no pueden, y sufren por ello, escriben.

Lo que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia.

Un paisaje se conquista con las suelas del zapato, no con las ruedas del automóvil.

Oíamos la oscuridad.

Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás.

Un hombre es la suma de sus desdichas. Se podría creer que la desdicha terminará un día por cansarse, pero entonces es el tiempo el que se convierte en nuestra desdicha.

Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma.

Debemos ser libres no porque reclamamos la libertad sino porque la practicamos.

Siempre son los hombres que no sirven para nada los que te dicen cómo debes hacer las cosas. Son como esos profesores de Universidad que no tienen ni un par de calcetines propios y te dicen cómo puedes hacerte millonario en poco tiempo, o esas mujeres que nunca consiguieron atrapar marido y te dicen cómo se debe educar a los hijos.

Recordaba que mi padre solía decir que la razón de vivir era prepararse para estar muerto durante mucho tiempo.

Él ha dicho: «Lo siento aún más que tú». Y yo he dicho: «Tú no sabes qué tormento es que yo no pueda sentirlo. Hago por sentirlo, pero no puedo pensar en ello lo suficiente para sentirlo».

Siempre sueña y apunta más alto de lo que sabes que puedes lograr.

Caddy olía como los árboles cuando llueve y como cuando ella dice que estamos dormidos.

Padre decía que un hombre es la suma de sus desgracias. Un día crees que las desgracias han abandonado la partida, pero entonces el tiempo se convierte en tu mayor desgracia, decía padre.

El pasado nunca se muere, ni siquiera es pasado.

El hombre es la suma de sus experiencias climáticas, decía padre. El hombre es la suma de lo que tiene. Un problema acerca de propiedades impuras que se arrastran tediosamente hacia una invariable nada: un jaque mate de polvo y deseo.

La mejor manera de considerar a las personas, negras o blancas, es considerarlas tal y como ellas creen que son, y luego dejarlas en paz. Fue entonces cuando me di cuenta de que un negro no es tanto una persona como un modo de ser; una especie de reflejo invertido de los blancos entre los que vive.

Olía las curvas del río tras el crepúsculo y vi la última luz supina y serena sobre los charcos dejados por la marea como trozos de un espejo roto, después, tras ellos comenzaban las luces sobre el aire pálido, temblando un poco como mariposas que revoloteasen en la distancia.

No te molestes en ser mejor que tus contemporáneos o tus predecesores, intenta ser mejor que tú mismo.

Son siempre los hábitos perezosos adquiridos los que se lamentan. Padre lo dijo: que Cristo no fue crucificado; fue consumido por el minúsculo tictac de unas ruedecitas.

Lo que hace la literatura es lo mismo que una cerilla en medio de un campo en mitad de la noche. Una cerilla no ilumina apenas nada, pero nos permite ver cuánta oscuridad hay a su alrededor.

Sólo el campo de batalla revela al hombre su propia locura y desesperación y la victoria es ilusión de filósofos e idiotas.

Los relojes matan el tiempo. El tiempo está muerto siempre que esté siendo marcado por las pequeñas ruedas; sólo cuando el reloj se detiene el tiempo viene a la vida.

Quién pagaría una buena cantidad por una virginidad que no puede violar más tarde, aunque solo fuera para asegurarse de que era auténtica?

Lo más triste es que la única cosa que se puede hacer durante ocho horas al día es trabajar.