Es espantoso cuando la vida real de pronto resulta ser un sueño, pero ¡cuánto más espantoso cuando lo que uno ha creído que era un sueño —fluido e irresponsable— de pronto empieza a cuajarse como realidad!

O que me põe louco é a natureza dupla desta ninfeta - de todas as ninfetas, quiçá; esta mistura, na minha Lolita, de uma infantilidade terna e sonhadora com uma espécie de horripilante ordinarice, que provém das enfadonhas modelos fotográficas da publicidade e das revistas, com os seus narizinhos travessos...

Nos enamoramos simultáneamente, de una manera frenética, impúdica, agonizante.

La vida es un gran amanecer. No veo por qué la muerte no debería ser uno aún mayor.

Mucho después de su muerte sentía que sus pensamientos flotaban en torno a los míos.

Imaginación, el deleite Supremo de lo inmortal e inmaduro, debería ser limitada. Para disfrutar de la vida, no deberíamos disfrutarla demasiado.

Las aptitudes artísticas no son caracteres sexuales secundarios, como han dicho ciertos charlatanes y chamanes, sino todo lo contrario: la sexualidad está al servicio del arte.

El dolor quedó en mí, y a partir de entonces ella me hechizó, hasta que, al fin, veinticuatro años después, rompí el hechizo encarnándola en otra.

Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

Bueno, algún día, si quieres venirte a vivir conmigo… Crearé un nuevo Dios y le agradeceré con gritos desgarradores si me das una esperanza microscópica.

Pero ¿quién podía burlar a alguien tan entrañablemente conmovedor? ¿He dicho ya que su brazo llevaba la señal de la vacuna? ¿Que la amaba con desesperación? ¿Que tenía sólo catorce años?

No hay nada en el mundo que yo aborrezca más que la actividad grupal, ese baño comunal donde se mezclan los peludos y los resbaladizos en una multiplicación de la mediocridad.

Una obra de arte no tiene importancia alguna para la sociedad. Sólo es importante para el individuo.

Así aislada, a esa distancia, la visión adquiría un sutilísimo encanto que me hacía precipitar hacia mi solitaria gratificación.

Nuestra existencia no es mas qué un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad.

¿He dicho el nombre de ese bar lácteo que visité en una ocasión? Pues se llamaba nada menos que La reina frígida. Sonriendo con cierta tristeza, apodé a Lo Mi princesa frígida. Ella no comprendió esa melancólica broma.

Nos enamoramos simultáneamente, de una manera frenética, impúdica, agonizante. Y desesperada, debería agregar, porque este arrebato de mutua posesión sólo se habría saciado si cada uno se hubiera embebido y saturado realmente de cada partícula del alma y el corazón del otro.

Esos contactos incompletos producían en nuestros cuerpos jóvenes, sanos e inexpertos, un estado de exasperación tal, que ni aun el agua fría y azul, bajo la cual nos aferrábamos, podía aliviar.

Cuando procuro analizar mis propios anhelos, motivaciones y actos, me rindo ante una especie de imaginación retrospectiva que atiborra la facultad analítica que con infinitas alternativas bifurca incesantemente cada rumbo visualizado en la perspectiva enloquecedoramente compleja de mi pasado.

Un escritor debe tener la precisión de un poeta y la imaginación de un científico.

Nuestra imaginación vuela, nosotros somos su sombra en la tierra.

Genio es un africano que sueña con nieve.

La miré y la miré, y supe con tanta certeza como que me he de morir, que la quería más que a nada imaginado o visto en la tierra, más que a nada anhelado en este mundo.

La vida es una gran sorpresa. No veo por qué la muerte no podría ser una mayor.

Y había perdido la virginidad en circunstancias que variaban según su estado de ánimo rememorativo".

No, no puedes echarle mano de una pistola y pegarle un tiro a una chica a la que ni siquiera conoces, simplemente porque te atrae.

La mujer barbuda nos lee las manos y predice lo que seremos, aunque no adivina lo que somos.

Mientras mi cuerpo sabía qué anhelaba, mi espíritu rechazaba cada clamor de mi cuerpo. De pronto me sentía avergonzado, atemorizado; de pronto tenía un optimismo febril. Los tabúes me estrangulaban.

Antes de conocernos ya habíamos tenido los mismos sueños. Comparamos anotaciones. Encontramos extrañas afinidades.

Las regiones apacibles y vagas en que me movía eran patrimonio de los poetas, no el terreno del crimen.

Humbert era perfectamente capaz de tener relaciones con Eva, pero suspiraba por Lilith.

La curiosidad es insubordinación en su forma más pura.

Y entonces supe que lo más punzante no era la ausencia de Lolita a mi lado, sino la ausencia de su voz en ese concierto.

Un cambio de ambiente es la falacia tradicional sobre la cual descansan los amores -y los pulmones- condenados.

Nos queríamos con amor prematuro, con la violencia que a menudo destruye vidas adultas.