No hay barrera, cerradura ni cerrojo, que puedas imponer a la libertad de mi mente.

¡Oh!, pensó Clarissa, En medio de mi fiesta, he aquí la muerte.

¿Quién sabe lo que somos, lo que sentimos? ¿Quién sabe, incluso en el momento de más intimidad, que lo que se obtiene es conocimiento? ¿Acaso no se estropeaban las cosas, podía haber preguntado la señora Ramsay [...], por el hecho de decirlas? ¿No nos expresamos mejor así?

¿Es mejor ser repartidor de carbón o niñera? ¿Es menos útil al mundo una mujer de limpiezas que ha criado a ocho niños que el abogado que ha hecho cien mil libras?

Nada más grueso que una cuchilla separa la felicidad de la melancolía.

¿Qué derecho tenían los Bradshaw a hablar de muerte en su fiesta? Se había matado, sí, pero ¿cómo? El cuerpo de Clarissa siempre lo revivía, en el primer instante, bruscamente, cuando le contaban un accidente; se le inflamaba el vestido, le ardía el cuerpo.

¿Quién no piensa en el pasado en un jardín con hombres y mujeres tumbados bajo los árboles? ¿Acaso estos hombres y mujeres, estos fantasmas tumbados bajo los árboles, no son nuestro pasado, todo lo que queda de él..., nuestra felicidad, nuestra realidad?

Los ojos de los demás son nuestras prisiones; sus pensamientos nuestras jaulas.

Los ojos del resto, nuestras prisiones; sus pensamientos, nuestras jaulas.

Es más difícil matar un fantasma que una realidad.

¿Por qué los hombres bebían vino y las mujeres agua? ¿Por qué era un sexo tan próspero y otro tan pobre?

¿Qué es tu amor?, podía preguntarle ella. Y sabía cuál sería la respuesta: el amor es lo más importante del mundo y ninguna mujer puede llegar a entenderlo. Muy bien. Pero ¿acaso podía entender un hombre lo que ella pensaba acerca de la vida?

¿Cuántas veces la gente usó un lápiz o un pincel porque no pudieron apretar el gatillo?

Estoy enraizada, pero fluyo.

Y se había hecho añicos su diversión, porque había sido medio ficticia, como él muy bien sabía; inventada, esta escapada con la muchacha; inventada, como uno se inventa la mejor parte de la vida, pensó -inventándose a sí mismo; inventándola a ella; inventando un divertimento exquisito, y algo más.

Hablo con ellas y descubro que para ser las personas más felices del mundo tan solo necesitan saber que lo son".

Soy el tallo. Mis raíces descienden hasta las profundidades del mundo, a través de tierras secas, de roca, a través de húmedas tierras, de vetas de plomo y de plata. Soy todo fibra. Todos los temblores me estremecen, y el peso de la tierra oprime mis costillares. Aquì, mis ojos son hojas verdes que no ven.

Mejor es el silencio… Déjenme sentarme con las cosas desnudas, esta taza de café, este cuchillo, este tenedor, cosas en sí mismas, siendo yo misma.

La sociedad es todo y la sociedad no es nada. La sociedad es la invención más poderosa del mundo y la sociedad no tiene existencia alguna.

Che fantasmagoria è mai il nostro spirito, luogo di convegno di tante cose dissimili! Talvolta deploriamo la nostra nascita, le nostre ricchezze, e aspiriamo a un'esaltazione ascetica; subito dopo, ci lasciamo intenerire dal profumo di qualche vecchio viottolo di giardino, e versiamo lacrime al canto dei tordi.

La verdad es que a menudo me gustan las mujeres. Me gusta que no sean convencionales. Me gusta que sean íntegras. Me gusta que sean anónimas.

En cualquier caso, parecía todo luz, resplandeciente, como un pájaro o un etéreo plumón que hubiera entrado con un soplo de viento y se hubiese posado un instante en una zarza.

Por encima de todo, debes iluminar tu propia alma, sus profundidades y frivolidades, sus vanidades y generosidades, y decir lo que significa para ti tu belleza y tu fealdad, y cuál es tu relación con el mundo (...)

Quería escribir sobre todo, sobre la vida que tenemos y las vidas que hubiéramos podido tener. Quería escribir sobre todas las formas posibles de morir.

Los libros son el espejo del alma.

Una noche vi una estrella corriendo entre las nubes, y le dije: ''Consúmeme''.

El único consejo… que una persona puede darle a otra acerca de la lectura es no seguir ningún consejo, seguir sus propios instintos, usar su propia razón, sacar sus propias conclusiones.

La mujer extraordinaria depende de la mujer ordinaria.

La ficción es como una tela de araña, quizás muy ligeramente unida, pero aun así unida a la vida por las cuatro esquinas.

Si no dices la verdad sobre ti mismo, difícilmente podrás decir la de las otras personas.

No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.

No creo en el envejecimiento. Creo en alterar para siempre el aspecto de uno al sol.

Procedía de la clase más despreciable de todas: de los ricos, con un barniz de cultura. Tenían cosas caras por todas partes: cuadros, alfombras, montones de criados.

Quinientos a la semana y una puerta con pestillo.

Las profundidades del mar son solo agua después de todo.

El lenguaje es vino en los labios.

Los seres humanos no tienen ni bondad, ni fe, ni caridad más allá de lo que sirve para aumentar el placer del momento.

Para disfrutar la libertad, tenemos que controlarnos a nosotros mismos.

La conexión entre la vestimenta y la guerra no está lejos; tu ropa más fina es la que usas como soldado.

Como una nube que cruza ante el sol, así cae el silencio en Londres...

Las mentiras fluirán de mis labios, pero tal vez haya algo de verdad mezclado con ellas…

La ficción es como una tela de araña, unida muy levemente tal vez, pero aún unida a la vida en las cuatro esquinas. A menudo, el apego es apenas perceptible.

Y mientras gesticulas, con tu capa, tu bastón, intento exponer ante ti un secreto que nadie conoce: estoy pidiéndote (en pie detrás de ti) que tomes mi vida entre tus manos y me digas si estoy condenado a inspirar repulsión en aquellos a quienes amo.

Las mujeres han servido por todos estos siglos como si fueran gafas que tuviesen el poder de reflejar la figura del hombre pero en el doble de su tamaño natural.

Uno no puede traer hijos a un mundo como éste. Uno no puede perpetuar el sufrimiento, ni aumentar la raza de esos lujuriosos animales, que no tienen emociones duraderas, sino tan solo caprichos y vanidades que ahora les llevan a un lado, y luego hacía otro.

El amor es una ilusión, una historia que una construye en su mente, consciente todo el tiempo de que no es verdad, y por eso pone cuidado en no destruir la ilusión.

En cierta manera, esto era su desastre, su desdicha. Era su castigo el ver hundirse y desaparecer aquí a un hombre, allá a una mujer, en esa profunda oscuridad, mientras ella estaba obligada a permanecer aquí con su vestido de noche.

No puedes encontrar paz evitando la vida.

Nada debería recibir un nombre, por temor a que ese mismo nombre lo transforme.