Estoy absolutamente convencido de que las cámaras de gas de Auschwitz, Treblinka y Maidanek no se prepararon finalmente en algún ministerio u otro en Berlín, sino en los escritorios y salas de conferencias de científicos y filósofos nihilistas.

Dudo que haya algún médico que pueda responder a esta pregunta con nociones generales, pues el sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día a otro y de una hora a otra.

Lo único que no me puedes quitar es la forma en que elijo responder a lo que me haces. La última de las libertades es elegir la actitud de uno en cualquier circunstancia.

Cuando un hombre descubre que es su destino sufrir… su única oportunidad radica en la forma en que soporta su carga.

Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos.

Si hay algún significado en la vida, debe haber un significado en el sufrimiento. El sufrimiento es una parte irradicable de la vida, como el destino y la muerte. Sin sufrimiento y sin muerte, la vida humana no puede ser completa.

Y entonces, después de dar unos pasos en silencio, un prisionero le dijo a otro: ¡Qué bello podría ser el mundo!

La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino solo por falta de significado y propósito.

No es el pasado lo que nos detiene, es el futuro; y cómo lo debilitamos, hoy.

El vacío existencial no se llena, sino que se trasciende por medio de la aceptación.

Los hombres ilustres siempre recomienzan, y eso los convierte en admirables e imitables.

La vida exige a todo individuo una contribución y depende del individuo descubrir en qué consiste.

Independientemente de lo que le suceda, siempre puede elegir agradecer al imaginar cómo pudo haber sido peor.

Nuestra mayor libertad es la libertad de elegir nuestra actitud.

¿Quién es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es.

La vida pide a cada individuo una contribución, y le corresponde a ese individuo descubrir lo que debería ser.

Tu última libertad es elegir tu actitud.

La unicidad y la resolución que diferencian a cada individuo y confieren un significado a su existencia tienen su incidencia en la actividad creativa, al igual que la tienen en el amor.

Vivir es sufrir, sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento.

Ningún hombre debería juzgar a menos que se pregunte con absoluta honestidad si en una situación similar podría no haber hecho lo mismo.

Pero no había necesidad de avergonzarse de las lágrimas, porque las lágrimas daban testimonio de que un hombre tenía el mayor coraje, el valor para sufrir.

La autorrealización no puede alcanzarse si se convierte en un fin en sí misma, sino solo como un efecto secundario de autotrascendencia.

El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.

Cada persona tiene su propia vocación o misión en la vida; cada persona debe llevar a cabo una tarea que requiere ser cumplida. En esto no se puede ser reemplazado, ni su vida puede ser repetida, por lo tanto, la tarea de cada uno es única como su oportunidad específica para llevarla a cabo.

La vida no es principalmente una búsqueda del placer, como creía Freud, ni una búsqueda de poder, como lo enseñó Alfred Adler, sino una búsqueda de sentido. La mejor tarea para cualquier persona es encontrarle sentido a su propia vida.

O bien se reconoce la libertad decisoria del hombre a favor o en contra de los hombres o toda educación es una ilusión.

El significado de mi vida es ayudar a otros a encontrar significado en las suyas.

Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.

Es aquí donde nos encontramos con el tema central del existencialismo: vivir es sufrir, sobrevivir es encontrar sentido en el sufrimiento.

La principal preocupación del hombre no es obtener placer o evitar el dolor, sino más bien ver un significado en su vida.

El hombre es un ser en busca de sentido.

Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.

No me olvido de ninguna buena acción que me hayan hecho, y no guardo rencor por una mala.

La fe es confianza en el sentido último.

El humor es otra de las armas del alma en la lucha por la autopreservación.

Y es precisamente esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido.

Todo se puede tomar de un hombre, excepto una cosa: la última de las libertades humanas: elegir la actitud de uno en cualquier conjunto de circunstancias, elegir su propio camino.

Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.

La libertad se encuentra en peligro de degenerar en mera arbitrariedad salvo si se ejerce en términos de responsabilidad.

El hombre que se hace consciente de su responsabilidad ante el ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa no podrá nunca tirar su vida por la borda. Conoce el "porqué" de su existencia y podrá soportar casi cualquier "cómo".

A un hombre se le puede quitar todo excepto una cosa: la última de las libertades humanas - elegir su actitud en cualquier conjunto dado de circunstancias, elegir su propio camino.

¡Diría que nuestros pacientes nunca se desesperan realmente por el sufrimiento en sí mismo! En cambio, su desesperación surge en cada instancia de una duda en cuanto a si el sufrimiento es significativo. El hombre está listo y dispuesto a soportar cualquier sufrimiento tan pronto como pueda ver un significado en él.

Cuanto más se olvida una misma, más humana se vuelve la persona.

Si el hombre en medio de todo este torbellino de estímulos quiere sobrevivir y resistir a los medios de comunicación de masas, debe saber qué es o no lo importante, qué es o no lo fundamental; en una palabra, qué es lo que tiene sentido y qué es lo que no lo tiene.

Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.

Nuestra generación es realista, porque hemos llegado a conocer al hombre como realmente es. Después de todo, el hombre es ese ser que inventó las cámaras de gas de Auschwitz; sin embargo, también es ese ser que entró en esas cámaras de gas en posición vertical, con el Padrenuestro o el Shema Israel en sus labios.

Sin embargo, yo afirmo que nosotros no inventamos el propósito de nuestra vida, nosotros lo descubrimos.

El dolor solo es soportable si sabemos que terminará, no si negamos que exista.

En esos momentos no es el dolor físico lo que más hiere, sino la humillación y la indignación provocadas por la injusticia, por la cruda irracionalidad de todo aquello.