¡Ah, mujeres! ¡Qué bien hizo naturaleza admirable en no entregaros las armas!

Que ya excediera de humano si en todo fuera perfecto.

Los que caballeros son, nunca intentan casamiento a oscuras, como el ladrón de infame merecimiento.

Celos que tiene de mí le abrasan el corazón y ocasionan mi prisión.

En las promesas almíbar y en el cumplimiento acíbar.

Ausencia es madre de penas.

A una verdad, le añaden muchos ceros.

Si a la lengua iguala el brío, intérprete es la espada del valiente.

Su sangre y nobleza ofende quien honras hurtar porfía a oscuras, si no es que entiende que no merece de día lo que de noche pretende.

De la vida es un traslado, sustento de los discretos, dama del entendimiento, de los sentidos banquete, de los gustos ramillete, esfera del pensamiento, olvido de los agravios, manjar de diversos precios, que mata de hambre a los necios y satisface a los sabios.

Leyendo liras delira.

Que todo lo que es hurtado sabe mejor.

Peca de grosero.

Hagan plaza, den entrada, que viene triunfando Amor de una batalla mortal en que ha sido vencedor.

Que el saber obedecer es la más perfecta ciencia.

Por lo que tiene de fuego, suele apagarse el amor.

Aumenta la soberbia el buen vestido.

Que quien ama, jura y miente.

Quien a ser traidor se inclina, tarde volverá en su acuerdo.

Que los celos invariablemente nacen sin ojos y sin orejas.

El mar y la mujer, todo es mudanza.

Peca de grosero quien aguarda que le digan que se vaya.

Sí se puede fiar el que es prudente, del sol de enero y de mujer ausente.

Diálogo de don Gonzalo en El burlador de Sevilla y convidado de piedra.

Su indignación justa temo; que es mujer, y en ellas arde la ira, y con el poder del límite justo salen.

El que un bien gozar espera, cuando espera desespera.