El espíritu desencarnado es inmortal; no hay nada en él que pueda envejecer o morir. Pero el espíritu encarnado ve la muerte en el horizonte tan pronto como su día amanece.

Durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común para mantenerlos todos en el temor, están en esas condiciones llamadas guerra; y esa guerra, es de cada hombre contra cada hombre.

Teme las cosas invisibles en la semilla natural de lo que todo el mundo llama la religión.

Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se le denomina esperanza; despojado de tal idea, desesperación.

Los que aprueban una opinión, la llaman opinión; pero los que la desaprueban la llaman herejía.

La ley primera y fundamental de la naturaleza es buscar la paz.

Primero vivir, después filosofar.

Las palabras son el dinero de los necios.

El que renuncia a un derecho solamente se quita de en medio para poder gozar del mismo sin impedimento de su parte.

La base de todas las sociedades grandes y duraderas ha consistido, no en la mutua voluntad que los hombres se tenían, sino en el recíproco temor.

En la naturaleza del hombre encontramos tres causas principales de querella: la competencia, la difidencia y la gloria.

Si yo hubiera gastado en leer tanto tiempo como otros sabios, sería tan ignorante como ellos.

No buscamos la sociedad por amor a ella misma, sino por los honores o los beneficios que puede reportarnos.

Las ideas estimulan la mente.

La fuerza y el engaño son, en la guerra, las dos virtudes cardinales.

La risa no es mas que la gloria que nace de nuestra superioridad.

Un hombre libre es aquel que, teniendo fuerza y talento para hacer una cosa, no encuentra trabas a su voluntad.

Considero que la inclinación general de toda la humanidad es un perpetuo e inquieto deseo de acceder a más poder y más poder, que cesa sólo en la muerte.

De la igualdad de habilidades surge la igualdad de esperanzas en el logro de nuestros fines.

Las nociones de rectitud e ilicitud, justicia e injusticia, no tienen lugar en la guerra.

El derecho de la naturaleza... es la libertad que cada hombre tiene de usar su propio poder, como él mismo, para la preservación de su propia naturaleza; es decir, de su propia vida.

El hombre es un lobo para el hombre.

Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se le denomina esperanza.

Cuando dos hombres desean la misma cosa que no pueden gozar juntos se convierten en enemigos.

La carne aguanta las tempestades del presente de manera solitaria; la mente, los del pasado y futuro, así como los del presente. La gula es una lujuria de la mente.

Se cree que la obligación de los sujetos al soberano dura como mucho y ya más que el poder por el que es capaz de protegerlos.

La condición del hombre... es una condición de guerra de todos contra todos.

Una democracia no es en realidad más que una aristocracia de oradores interrumpida a veces por la monarquía temporal de un orador.

La guerra no consiste solo en la batalla sino en la voluntad de contender.

No es la sabiduría sino la Autoridad lo que hace a una ley.

La ciencia es el conocimiento de las consecuencias y dependencia de un hecho tras otro.

En la guerra la fuerza y el fraude son las dos virtudes fundamentales.

Cuando todo el mundo se sobrecarga de habitantes, el último remedio es la guerra, que proporciona a cada hombre, la victoria o la muerte.

Hay muy pocos que sean tan necios que no prefieren gobernarse a sí mismos antes que ser gobernados por otros.

La ociosidad es la madre de la Filosofia.