Lo único que hacía era estudiar demasiado, y nunca sabía cuándo debía detenerme.

Y a propósito, de todo en la vida se puede escribir si tienes las agallas para hacerlo, y la imaginación para improvisar. El peor enemigo de la creatividad es dudar de uno mismo.

Para la persona encerrada en la campana de cristal, vacía y detenida como un bebé muerto, el mundo mismo es la pesadilla.

Me sentía muy tranquila y muy vacía, como debe de sentirse el ojo de un tornado que se mueve con ruido sordo en medio del estrépito circundante.

El suelo parecía maravillosamente sólido. Era consolador saber que me había caído y que no podía caer más abajo.

Si uno no espera nada de alguien nunca se siente desilusionado.

Buddy me decía que estaba leyendo poemas escritos por alguien que también era médico y que había descubierto que había un famoso cuentista ruso, ya muerto, que también había sido médico, así que era posible que los escritores y los médicos congeniaran.

Bésame y verás lo importante que soy.

Tomé un respiro profundo y escuché el viejo roznido de mi corazón. Soy. Soy. Soy.

Me sentía embotada y pesada y llena de sueños destruidos.

La libertad no es útil para aquellos que no saben cómo emplearla.

Un hombre es una flecha hacia el futuro y una mujer es el lugar de dónde se dispara la flecha.

Mi árbol favorito era el sauce llorón. Yo pensé que debían de haberlo traído del Japón. En Japón entendían las cosas del espíritu.

Tengo una imaginación visual.

Y yo sabía que a pesar de todas las rosas y besos y cenas en restaurantes que un hombre hacía llover sobre una mujer antes de casarse con ella, lo que secretamente deseaba para cuando la ceremonia de boda terminase era aplastarla bajo sus pies como la alfombra de la señora Willard.

Pero la vida es larga. Y lo es el largo plazo que equilibra el corto destello del interés y la pasión.

Seré una de las pocas poetisas en el mundo completamente feliz de ser mujer, no una de esas amargadas y frustradas, retorcidas imitadoras de hombres, que en su mayoría acaban destrozadas.

Me sentía sabia y cínica como el infierno.

Cuanto más incurable se vuelve, más lejos lo esconden a uno.

Tengo la opción de estar constantemente activo y feliz o introspectivamente pasivo y triste.

Si uno hace algo incorrecto en la mesa con cierta arrogancia, como si supiera perfectamente que está haciendo lo que corresponde, puede salir del paso y nadie pensará que es grosero o que ha recibido una pobre educación. Pensarán que uno es original y muy ocurrente.