No se puede juzgar la vida de un hombre hasta que la muerte le ha puesto término.

Vale más fracasar honradamente que triunfar debido a un fraude.

Constante y perpetua riqueza es la virtud.

Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho.

La alegría más grande es la inesperada.

Los cielos nunca ayudan al hombre que no quiere actuar.

El que prescinde de un amigo es como el que prescinde de su vida.

Una palabra nos libra de todo el peso y el dolor de la vida. Esa palabra es: Amor.

Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja.

El saber es la parte más considerable de la felicidad.

La más dulce vida consiste en no saber nada.

Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre.

El que sabe corresponder a un favor recibido, es un amigo que no tiene precio.

Noble cosa es, aún para un anciano, el aprender.

Ocasiones hay en que la justicia misma produce entuertos.

Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.

Común es cometer errores. Pero cuando se ha errado, no es falta voluntad, ni brío, tratar de corregir el error y no obstinarse en él. La obstiación es el otro nombre de la estupidez.

Muchas cosas hay misteriosas, pero ninguna tan misteriosa como el hombre.

Me preguntas si debes o no casarte; pues, de cualquier cosa que hagas te arrepentirás.

La verdad puede más que la razón.

También lo sublime es asaltado por la envidia.

Cuando se trata de un mortal es preciso esperar su último día antes de llamarle feliz.

Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.

La risa más agradable es aquella a la que nos entregamos a costa de nuestro enemigos.

Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos.

Para quien tiene miedo, todo son ruidos.

El que es bueno en la familia es también un buen ciudadano.

Hay algo amenazante en un silencio demasiado grande.

No es posible conocer el alma, los sentimientos, ni los pensamientos de un hombre hasta que lo hayais visto actuar como poderoso y aplicar las leyes.

De todos los males, los más dolorosos son los que se infringe uno mismo.

La mayor de las alegrías, es la que no se esperaba.

Es imposible conocer el ánimo, las opiniones y principios de cualquier hombre que no se haya enfrentado a la experiencia del gobierno y de la legislación. Creonte.

Muchas cosas hay potentosas, pero ninguna como el hombre. Tiene recursos para todo; sólo la muerte no ha conseguido evitar.

La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.

Los hijos son las anclas que atan la vida a las madres.

El sueño es la única medicina efectiva.

Nada temo, pues mantengo la verdad, que es poderosa.

Cásate; si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no, te volverás filósofo, lo que siempre es útil para un hombre.

Describo a la gente como debería ser, pero Eurípides los pinta como son.

Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.

El peor mal del hombre es la irreflexión.

Sólo el tiempo puede revelarnos al hombre justo; al perverso se le puede conocer en un solo día.

Es terrible hablar bien cuando se está errado.

Al hombre perverso se le conoce en un solo día; para conocer al hombre justo hace más tiempo.

Nuestra felicidad totalmente depende de la sabiduría.

El dolor más vivo es reconocernos como la única causa de todas nuestras adversidades.

Un hombre envejeciendo se convierte en un niño otra vez.

La sabiduría es la parte suprema de la felicidad.

Si tratas de curar la maldad con maldad, sumarás más dolor a tu destino.