―Todo regalo tiene un precio.― Yo fruncí el entrecejo y él sonrió. ―Un beso.

Yo era un liviano trozo de pelusa de diente de león, y él era el viento que me agitaba sobre el mundo.

Me llamo Celaena Sardothien, y no tengo miedo.

El resto del mundo se esfumó cuando se besaron por segunda vez.

Había saltado al abismo. Ya solo podía rezar para que hubiera una red al fondo.

El valor del corazón es algo muy infrecuente. Deja que te guíe.

―Alégrate de tu humano corazón, Feyre. Pobre de ellos que no sienten nada en absoluto.

Quizá la música y el arte poseyesen su propia magia inherente que los hacía intocables.

Agradece que tienes tu corazón humano, Feyre. Deberías sentir lástima por los que no sienten nada.

Celaena era fuego y oscuridad, era polvo, sangre y sombra.

Por la gente que mira a las estrellas y pide deseos, Rhys.

Supongo que si vamos a morir, más vale que sea por una causa noble.

Nunca había contemplado cómo sería… ceder el control. Y no considerarlo como debilidad sino como libertad.

El segundo puesto no es más que un título agradable para el primer perdedor.

―Todo cuanto amo tiene la tendencia a siempre serme arrebatado.

Es difícil interesarse en nada cuando has perdido a todos aquellos que te importan.

No estoy casado porque no soporto la idea de casarme con una mujer inferior a mí en mente y espíritu. Eso supondría la muerte de mi alma.

Tal vez el mundo nunca sería perfecto, tal vez algunas cosas nunca estarían bien, pero tal vez ella tenía una oportunidad de encontrar su propia clase de paz y libertad.

Para mí no cambia nada. No cambió nada cuando lo comprendí. Te habría escogido de todos modos. Siempre te escogeré.

Los vinculos de sangre no se pueden romper.

Así que puedes mirarme con resentimiento, Yrene Towers, y no te culparé por ello. Pero créeme cuando digo que hay nadie en Erilea que me aborrezca más que yo.

Una muchacha hermosa que miraba el firmamento y un grupo de estrellas que le devolvía la mirada.

Por las estrellas que escuchan, y los sueños que son respondidos.

Las bibliotecas estaban llenas de ideas, quizá las armas más peligrosas y poderosas de todas.

A ver si os sirve de lección,maestro de armas —dijo pasando por delante de él—. Ponedme a luchar contra hombres de verdad. Quizás entonces me moleste en emplearme a fondo.

Me sentía tan liviana como la pelusa del diente de león; él era el viento que me llevaba por el mundo. Y me sonreía, y descubrí que le estaba devolviendo la sonrisa. No necesitaba fingir, no necesitaba ser nada más que lo que era en ese momento "

Porque me fascina tu alegría humana…, la forma en que experimentas las cosas en el tiempo que tienes de vida, con tanta profundidad, con tanta intensidad, y todo de una vez; eso es… fascinante.

Todos tenemos cicatrices, Dorian. Resulta que las mías son más visibles que las de la mayoría.