La felicidad no viene de ser rico, ni solo de tener éxito en tu carrera, ni por la autocomplacencia. Un paso hacia la felicidad es hacerte sano y fuerte mientras seas muchacho para que puedas ser útil y así puedas disfrutar de la vida cuando seas hombre.

Mi creencia es que fuimos puestos en este mundo de maravillas y belleza con una habilidad especial para apreciarlas, en algunos casos para tener la diversión de participar en el desarrollo de ellas, y también en ser capaz de ayudar a otras personas en lugar de sobrepasarlas y, a través de todo, disfrutar de la vida; es decir, ser feliz.

Creo que Dios nos puso en este mundo alegre para ser felices y disfrutar de la vida.

Si la vida fuera siempre fácil, sería insípida.

La felicidad no se consigue sentándose a esperarla.

La manera de conseguir la felicidad es haciendo felices a los demás.

Un hombre que nunca cometió errores, nunca hizo nada.

Lo que más vale la pena es intentar poner alegría en la vidas de otros.

Si tenéis el hábito de tomar las cosas con alegría, rara vez os encontraréis en circunstancias difíciles.

La felicidad está al alcance de todos, ricos o pobres. Sin embargo, relativamente pocas personas son felices. Creo que la razón para esto es que la mayoría no reconoce la felicidad incluso cuando está a su alcance.

La confianza debe ser la base de toda nuestra formación moral.

La responsabilidad es la clave del éxito con los muchachos, especialmente con los muchachos alborotados y más difíciles.

Quien no siente la necesidad de sonreír no goza de buena salud.

Intentad dejar este mundo un poco mejor de como os lo encontrásteis.

La mejor forma de vencer las dificultades es atacándolas con una magnífica sonrisa.