La primera sensación fue que, si alguien me reñía, yo me echaría a llorar. La segunda, que la habitación era demasiado pequeña para mi cabeza. Sentía la frente muy lejos de la nuca, y los lados enormemente distantes el uno del otro, a pesar de lo cual un sordo latido pasaba de una sien a otra. Las distancias no significan nada hoy en día.

Permanecí sentado, muy quieto, escuchando cómo iba aquietándose la tarde por las ventanas abiertas. Y, muy lentamente, fui aquietándome con ella.

Tengo una guerra en marcha con la Warner. Tengo una guerra en marcha con el jardinero. Tengo una guerra en marcha con un hombre que vino a arreglar el tocadiscos y arruinó dos discos LP. Tengo varias guerras en marcha con gente de la televisión. A ver quién más… oh, no importa. Usted ya conoce a Chandler. Siempre peleando por algo.

Tiré el diario a un rincón y encendí la TV. Después de la nauseabunda página de sociales, hasta los luchadores que aparecían en la pantalla parecían buenos. Lo cual probablemente era cierto. Sobre todo por la página de sociales.

El primer beso es mágico, el segundo íntimo, el tercero rutinario.

Miró alrededor tan discreto como una tarántula en un pedazo de pastel de ángel.

No es un mundo fragante.

Intentan ser honestos, pero la honestidad es un arte. El mal escritor es deshonesto sin saberlo, y el escritor más o menos bueno puede que sea deshonesto porque no sabe sobre qué ser honesto.

Pero siempre me gustan los libros equivocados. Y las películas equivocadas. Y la gente equivocada.

Hemingway dice en alguna parte que el buen escritor compite únicamente con los muertos.