Supongo que soy todo lo que dicen de mi.

Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos.

Odio a un romano llamado Status Quo, me decía, llénate los ojos de asombro, vive como si fueras a morir en los próximos diez segundos. Observa el universo. Es más fantástico que cualquier sueño construido o pagado en una fábrica. No pidas garantías, ni pidas seguridad, nunca hubo un animal semejante.

Salta, y descubrirás cómo desplegar tus alas mientras caigas.

–Todos deben dejar algo al morir, decía mi abuelo. Un niño o un libro o un cuadro o una casa o una pared o un par de zapatos. O un jardín. Algo que las manos de uno han tocado de algún modo. El alma tendrá entonces adonde ir el día de la muerte, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, allí estará uno. No.

No necesito un reloj con alarma. Mis ideas me despiertan.

Pero eso es lo maravilloso en el hombre; nunca se descorazona o disgusta tanto como para no empezar de nuevo. Sabe.

Quizá los libros nos saquen un poco de esta oscuridad. Quizá eviten que cometamos los mismos condenados errores.

Cerrando los ojos, volviendo la cabeza, escuchando. Oh que viento solitario. México es un país raro. Todo selvas y desiertos y extensiones solitarias y aquí y allí un pueblo pequeño como éste, con unaa pocas luces encendidas que puedes apagar con un castañeo de los dedos.

Si hubiéramos escuchado a nuestro intelecto, jamás tendríamos un romance. Jamás tendríamos una amistad. Jamás iniciaríamos un negocio, porque seríamos cínicos. Bueno, eso es absurdo. Uno tiene que saltar de acantilados todo el tiempo y construir sus alas a medida que va cayendo.

Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado. JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe...

Los científicos tienen que tener una metáfora. Todos los científicos comienzan con la imaginación.

Mi negocio es prevenir el futuro.

Tienes que saber como aceptar el rechazo y como rechazar la aceptación.

Millones de estudiantes, en todas las escuelas de América, están leyendo ciencia ficción y sobre todo, gracias a Dios, Las crónicas marcianas.

Cuando no se puede tener la realidad, bastan los sueños.

¿Se dan cuenta, ahora, de por qué los libros son odiados y temidos? Muestran los poros del rostro de la vida. La gente comodona sólo desea caras de luna llena, sin poros, sin pelo, inexpresivas. Vivimos en una época en que las flores tratan de vivir de flores, en lugar de crecer gracias a la lluvia y al negro estiércol.

Cuando ya no hay nada que perder, se puede correr cualquier riesgo.

Pasamos la vida entera aprendiendo a olvidar cosas que en realidad están dentro.

Borracho de vida, y sin conocer el rumbo siguiente. Pero antes del amanecer uno ya está en marcha. ¿Y el viaje? Exactamente la mitad terror, la mitad júbilo.

Se debería aprender a dejar ir antes de aprender a recibir. La vida debería ser tocada, no estrangulada.

Tenemos que reinvertir en viajes al espacio. Nunca debíamos haber abandonado la luna.

Si no te gusta lo que haces, no lo hagas.

Los videojuegos son una pérdida de tiempo para los hombres con nada más que hacer. Los cerebros reales no hacen eso.

¿Cuántas veces puede hundirse un hombre y seguir vivo?

Todo se genera a través de tu propia fuerza de voluntad.

No quería saber cómo se hacen las cosas sino por qué. Esto puede resultar embarazoso. Uno empieza con los porqués y termina siendo realmente desgraciado. La pobre chica está mejor muerta.

Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos. Son la guardia pretoriana de César, susurrando mientras tiene lugar el desfile por la avenida: «Recuerda, César, eres mortal.»

Váyase a casa, Montang. Váyase a la cama, ¿Por qué desperdiciar sus horas finales, dando vueltas en su jaula y afirmando que no es una ardilla?

Los libros nos recuerdan que somos asnos y tontos. Son la guardia pretoriana del César, que murmura mientras los desfiles pasan ruidosamente por las avenidas "Recuerda, César, que eres mortal.

Se refería a la posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuego. Porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe.

¿Garret? -llamó Stendahl en voz baja. Garret calló-. ¿Sabe usted por qué le hago esto? Porque quemó los libros del señor Poe sin haberlos leído. Le bastó la opinión de los demás. Si hubiera leído los libros, habría adivinado lo que yo le iba a hacer, cuando bajamos hace un momento. La ignorancia es fatal, señor Garret.

Cuando me gradué de la escuela secundaria, fue durante la depresión, y no teníamos dinero.

Odio la política. No me gusta ningún partido político. Uno no debe pertenecer a ellos, uno debe ser un individuo, parado en el centro. Una persona que pertenece a un partido deja de pensar.

Siempre pensé que uno muere todos los días, y que los días son como cajones. En cada uno de esos días hay un yo diferente. Alguien a quien no conoces, o no comprendes, o no quieres comprender.

Nadie tiene ya tiempo para nadie.

Que la gente intervenga en concursos donde haya que recordar las palabras de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de los Estados, o cuánto maíz cosechó Iowa el último año. Llénalos de noticias incombustibles. Sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes.

Para qué recordar lo que no me sirve?

Recoger datos es importante. El conocimiento es importante. Pero si no tienes una imaginación para utilizar el conocimiento, la civilización no está en cualquier lado.

Bueno, al fin y al cabo, esta es la era del tejido desechable. Tratamos a la gente como si fueran pañuelos de papel. Los estrujamos después de utilizarlos, los tiramos, cogemos otro, nos sonamos, lo estrujamos, lo tiramos. Todo el mundo usa la ropa de todo el mundo.

Salta, y deja que te crezcan alas en el camino hacia abajo.

Somos un milagro de la fuerza y la materia que se forma a sí misma en base a imaginación y voluntad. Increíble. La Fuerza de la Vida experimenta con las formas. Tu, por ejemplo. Yo por otra parte. El Universo a gritos se dió la vida. Somos uno de esos gritos.

No nacemos libres e iguales, como dice la Constitución, nos hacemos iguales. Todo hombre es la imagen de todos los demás, y todos somos así igualmente felices.

Se le podían ver los pensamientos nadando como peces en los ojos; unos brillantes, otros sombríos, unos rápidos y fugaces, otros lentos y pacíficos; y a veces, como cuando miraba la Tierra, los ojos eran sólo color y nada más.

Escribe una historia corta cada semana. Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

Los buenos escritores tocan la vida a menudo. Lo mediocres la rozan rápidamente. Los malos la violan y la abandonan a las moscas.

No pienses. El pensamiento es el enemigo de la creatividad. [...] Simplemente dedícate a hacer cosas.

No trato de describir el futuro. Trato de prevenirlo.