¿No es breve luz aquella caduca exhalación, pálida estrella, que en trémulos desmayos pulsando ardores y latiendo rayos, hace más tenebrosa la obscura habitación con luz dudosa?

¡Ay mísero de mí! ¡Y ay infelice! [sic] Apurar, cielos, pretendo ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido. Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor; pues el delito mayor del hombre es haber nacido. Segismundo.

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

¡Oh que aprisa piensa un vehemente deseo que no hay más que lo que piensa!

¡Qué bien pareja del tiempo llaman a la fortuna, pues ambos sobre una rueda y dos alas, 85 para el bien o para el mal corren siempre y nunca paran!

¿Qué importa errar lo menos quien ha acertado lo más?

¿qué importa, pues, que el amor tenga del cielo el color, si tiene el mal del infierno?

¡Ah qué abrazo tan ruin el que la necesidad hace dar, y no sentir!

¡Ay de ti, que soberbia vas mostrando sin saber que están soñando!

¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad?

¿Qué es la vida? Una locura.

¡Mal haya ocasión, mal haya, 155 sin espadas y con lenguas, que son las peores armas, pues una herida mejor se cura que una palabra!

Que tanto gusto había en quejarse, un filósofo decía, que, a trueco de quejarse, habían las desdichas de buscarse.

Aun en sueños no se pierde el hacer bien.

Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en este mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende.

Es parentesco sin sangre una amistad verdadera.

Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla.

Pues el mayor delito del hombre es haber nacido.

Muerte de amor son los celos, que no perdonan a nadie, ni por humilde le dejan, ni le respetan por grave.

Uno puede saber cómo obtener una victoria y no saber como usarla.

De males a bienes dicen que se pasa fácilmente; pero de males a males, digo yo que es más frecuente.

Que el vivir sólo es soñar; y la experiencia me enseña que el hombre que vive, sueña.

El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad.

En los extremos del hado no hay hombre tan desdichado que no tenga un envidioso; ni hay hombre tan venturoso que no tenga un envidiado.

Con mi hacienda, pero con mi fama no.

Quien daña el saber, homicida es de sí mismo.

Tenemos un Cielo tan piadoso, que no envía el daño sin el remedio.

El que olvidar solicita, no olvida cuando se acuerda de que se acuerda que olvida.

Que soy noble por cinco o seis mil reales; y esto es dinero y no es honra; que honra no la compra nadie.

El silencio es retórica de amantes.

Quien tiene de qué quejarse, ¡qué mal hace si se queja! Porque el delito del llanto quita el mérito a la pena.

No hables mal de las mujeres: la más humilde te digo que es digna de estimación porque, al fin, de ellas nacimos.

El delito mayor del hombre es haber nacido.

Es muy propio hablar más el que más teme.

La mayor victoria: vencerse a si mismo.

Es muy puntual el diablo.

Quejoso de la fortuna yo en este mundo vivía, y cuando entre mí decía: “¿Habrá otra persona alguna de suerte más infortuna?”. Piadoso me has respondido, pues volviendo en mi sentido, hallo que las penas mías para hacerlas tú alegrías las hubieras recogido.

Dormid, dormid, mortales, que el grande y pequeño iguales son en los que les dura el sueño.

Cuando el amor no es locura,no es amor.

Más que un ejército hiriendo vence un héroe perdonando.

Quien vive sin pensar, no puede decir que vive.

La intención hace el agravio.

No hay razón donde hay fuerza.

No le des nunca consejos al que te pida dinero.

Nada me parece justo, en siendo contra mi gusto.

Nace el ave, y con las galas que le dan belleza suma, apenas es flor de pluma, o ramillete con alas, cuando las etéreas salas corta con velocidad, negándose a la piedad del nido que dejan en calma; ¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad?

Cuántos, teniendo en el mundo algún defecto consigo, le han borrado por humildes.

El Cielo junta desiguales extremos.

Algunas de sus obras más famosas son: “La vida es sueño”, “El alcalde de Zalamea”, El gran teatro del mundo”, “La dama duende” o “El príncipe constante”.