Bienvenido al que tiene talento y dinero, porque empleará bien este último.

Aquí un marido que ama a su mujer es un hombre que no tiene el mérito suficiente para hacerse amar por otra.

Mientras menos piensan los hombres, más hablan.

El hombre de talento es naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor.

La libertad, ese bien que hace gozar a los demás bienes.

Las personas que tienen poco que hacer son por lo común muy habladoras: cuanto más se piensa y obra, menos se habla.

Los países no están cultivados en razón de su fertilidad, sino en razón de su libertad.

La sociedad es la unión de los hombres y no los hombres en sí mismos.

Ante un hombre envidioso, alabo siempre a los que le hacen palidecer.

Es menester haber estudiado mucho para llegar a saber un poco.

Deberíamos llorar por los hombres cuando nacen, no cuando mueren.

Cuando uno busca tan extremadamente los medios de hacerse temer, encuentra antes siempre el medio de hacerse odiar.

Los hombres somos más capaces de grandes acciones que de buenas acciones.

Nada agravia tanto a los hombres como ir contra sus ceremonias y costumbres.

No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia.

Cuando visito un pais, me preocupa menos conocer cuales son sus leyes que saber si se aplican.

Cuando la muerte ha igualado las fortunas, las pompas fúnebres no deberían diferenciarlas.

Los que tienen poco negocio que atender son buenos charlatanes, los intelectuales y los ocupados hablan menos.

Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder.

Todo ser humano es libre si su libertad no atenta a la de los demás.

Siempre he observado que para triunfar en la vida hay que ser entendido, pero aparecer como tonto.

A la mayoría de las personas prefiero darles la razón rapidamente antes que escucharlas.

Es mil veces más fácil hacer el bien que hacerlo bien.

En el derecho público el acto de justicia más severo es la guerra, porque puede tener por efecto la destrucción de la sociedad.

La mayoría de veces el éxito depende de saber cuánto se ha de tardar en lograrlo.

La mayor parte de los hombres son capaces más bien de grandes acciones que de buenas acciones.

Más Estados han perecido por la depravación de las costumbres que por la violación de las leyes.

Un hombre no es desdichado a causa de la ambición, sino porque ésta lo devora.

Cuando se busca tanto el modo de hacerse temer se encuentra siempre primero el de hacerse odiar.

Un imperio fundado por la guerra tiene que mantenerse con la guerra.

Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad.

Cuando en un gobierno, al hablarse de cosa pública, cada uno dice «¿Qué me importa?», la cosa pública está perdida.

Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas deliciosas.

Soy distraído; no tengo memoria más que en el corazón.

El lujo está siempre en proporción con el desnivel de las fortunas.

La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten. Si un ciudadano tuviera derecho a hacer lo que éstas prohíben, ya no sería libertad, pues cualquier otro tendría el mismo derecho.

Cuando los hombres prometen a una mujer que la amarán siempre suponen a su vez que ellas les promenten ser siempre amables; si ella falta a su palabra, ellos no se creen obligados por la suya.

Nunca tuve una tristeza que una hora de lectura no haya conseguido disipar.

El estudio ha sido para mí el principal remedio contra las preocupaciones de la vida; no habiendo tenido nunca un disgusto que no me haya pasado después de una hora de lectura.

La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.

Quisiera abolir las pompas fúnebres. Hay que llorar a los hombres cuando nacen y no ya cuando mueren.

La verdad de un tiempo es error en otro.

No es la gente joven el motivo de la degeneración. Ellos solo se echan a perder una vez que los de edad madura ya están hundidos en la corrupción.

Cuando el infortunio se generaliza en un país, se hace universal el egoísmo. La mayoría de las desgracias son peores como amenaza que como realidad.

No hay hombre a quien la fortuna no vaya a visitarlo alguna vez en la vida.

La leyes inutiles debilitan las necesarias.

Las cabezas de los hombres más grandes se achican cuando se reúnen, y allí donde hay más cuerdos es también donde hay menos cordura.

Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.

El talento es un don que Dios nos hace en secreto, y que nosotros revelamos sin saberlo.