El mido es lo que más miedo me da.

Si no acaba con la guerra, no es una victoria.

El bienestar común requiere que los hombres traicionen, mientan y masacren.

Soledad: Un instante de plenitud.

Solo el hombre que ya no teme a la muerte, ha dejado de ser esclavo.

Mil rutas se apartan del fin elegido, pero hay una que llega a él.

Cien veces al día nos burlamos de nuestros mismos defectos al considerarlos en los demás.

La curiosidad de conocer las cosas ha sido entregada a los hombres como un castigo.

El incesante trabajo de tu vida es construir la casa de la muerte.

Prefiero la compañía de los campesinos porque no han sido educados suficientemente para razonar incorrectamente.

Incluso en el trono más alto, uno se sienta sobre sus propias posaderas.

Si me presionas para que diga por qué lo amé, solo puedo decir que porque él era él, y yo era yo.

Cuando me llevan la contraria, despiertan mi atención, no mi cólera; me ofrezco a quien me contradice, que me instruye. La causa de la verdad debería ser la causa común de uno y otro.

Hay algunas derrotas que son más triunfantes que las victorias.

Cada cual llama barbarie a lo que no forma parte de su costumbre.

Cada uno de nosotros es más rico de lo que piensa, pero se nos habitúa al préstamo y a la mendicidad; se nos acostumbra a servirnos de lo ajeno más que de lo nuestro. En nada acierta el hombre detenerse en el preciso punto de su necesidad: en goces, riqueza y poderío abraza más de lo que puede estrechar; su avidez es incapaz de moderación. Yo.

Un buen matrimonio sería entre una mujer ciega y un marido sordo.

Que cada cual sondee su conciencia, y hallará que sus intimos deseos, en general, nacen y medran a expensas del prójimo.

Ningún viento le sirve al que dirige su viaje a ningún puerto seguro.

Nunca se logra ningún beneficio sin perjudicar a otro.

La marca de sabiduría más terminante es un goce continuo: su estado es como las cosas sobre la luna: siempre sereno.

La muerte, dicen, nos absuelve de todas nuestras obligaciones.

Es una perfección absoluta, y como divina «la de saber disfrutar lealmente de su ser». Buscamos otras condiciones por no comprender el empleo de las nuestras, y salimos fuera de nosotros, por ignorar lo que pasa dentro. Inútil.

Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje.

No hay pasión que quebrante tanto la sinceridad del juicio como la ira.

La locura más sutil la realiza la sabiduría más sutil.

La belleza es una gran recomendación en el comercio humano, y no hay nadie que sea tan bárbaro o tan grosero que no se sienta herido por su dulzura.

No existe el presente: Lo que así llamamos no es otra cosa que el punto de unión del futuro con el pasado.

El matrimonio es como una jaula.

La vida no es en sí ni un bien ni un mal, sino el lugar del bien o del mal, según que el hombre practique lo uno o lo otro.

La virtud más extraña, más generosa y más orgullosa de todas las virtudes es la verdadera valentía.

Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara.

Quien quisiera que el hombre no conociera el dolor, evitaría al mismo tiempo el conocimiento del placer y reduciría al mismo hombre a la nada.

Pues la costumbre, verdaderamente es una violenta y traidora institutriz. Poco a poco y con disimulo, establece en nosotros el pie de su autoridad; pero tras este suave y humilde comienzo, una vez asentado y plantado con ayuda del tiempo, pronto nos revela un talante furioso y tiránico contra el que no podemos ya ni alzar la mirada.

La señal más cierta de sabiduría es la alegría.

Fluctuamos entre los más diversos pareceres; no queremos nada con entera libertad, ni de un modo absoluto, ni constantemente.

Lo que hay que preguntarse es quién es mejor sabio, no quién es más sabio.

Nosotros podemos tener conocimientos gracias al conocimiento de otros hombres, pero no podemos ser sabios con la sabiduría de otros hombres.

Mis rutas se apartan del fin elegido, pero hay una que llega a él.

Quien se conoce, conoce también a los demás, porque todo hombre lleva la forma entera de la condición humana.

El lenguaje que mi me gusta es un lenguaje sencillo y espontáneo, lo mismo en el papel que en la boca, un lenguaje suculento y nervioso, conciso y apretado.

La ciencia es un cetro en ciertas manos, al paso que en otras tan solo es un palitroque.

La conciencia hace que nos descubramos, que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos, y a falta de testigos declara contra nosotros.

Cada virtud sólo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos.

No es la muerte, es el estar muriendo lo que me alarma.

Vale infinitamente más el hombre dejándose guiar por el orden natural del mundo, sin meterse a inquirir causas y efectos; un alma limpia de prejuicios dispone naturalmente de ventajas grandes para gozar la tranquilidad; las gentes que inquieren y rectifican sus juicios, son incapaces de sumisión completa.

El amor no es más que el deseo furioso de algo que huye de nosotros...

Aunque pudiera hacerme temible, preferiría hacerme amable.

Yo no cito a otros más que para expresar mejor mi pensamiento.