El romance es tempestuoso. El amor está en calma.

La fe mueve montañas, pero tienes que seguir empujando mientras estás orando.

La sociedad humana se sustenta transformando la naturaleza en basura.

Las mujeres animan a los hombres a ser infantiles, y luego los regañan.

Bailar y correr sacuden la química de la felicidad.

Dinero: el poder en su estado más líquido.

Si hablas de experimentos fallidos, puedes ponerlos en tu currículum vitae y reclamarlos como logros.

El perdón es como la fe. Tienes que seguir reviviéndolo.

Los tonos de respetabilidad comienzan a cerrarse sobre la cabeza de canosa.

En definitiva, la fe ciega es la única clase de fe que existe.

El humor no nos rescata de la infelicidad, pero nos permite alejarnos un poco de ella.

La sabiduría de la edad: no dejes de caminar.

Cada día comienza con un acto de valor y de esperanza: levantarse de la cama.

A la mala fe le gusta el discurso sobre la amistad y la lealtad.

El romance es tempestuoso. El amor es tranquilo.

El gusto se refiere al pasado, la imaginación al futuro.

Los viajeros nunca piensan que ellos son los extranjeros.

La fantasía espeja deseo. La imaginación modifica su forma.

Para conferir dignidad, perdona. Para expresar desprecio, olvida.

Las excusas no cambian nada, pero hacen que todo el mundo se sienta mejor.

La imaginación tiene reglas, pero sólo podemos adivinar cuáles son.

Las buenas fiestas crean una juventud temporal.

La melancolía es tan seductora como el éxtasis.

A los sesenta años, solo sé un poco más sobre la sabiduría que a los treinta, pero sé mucho más sobre la locura.

El dinero es para mi existencia social lo que la salud es para mi cuerpo.

Leo menos y menos. No perdonaré a los libros por fallar en decirme la verdad y hacerme feliz.

La cura para una obsesión: conseguir otra.