¿ Era el hombre, efectivamente, tan poderoso, tan virtuoso y magnífico, y no obstante tan depravado y tan bajo? Unas veces parecía un mero vástago del principio del mal; otras,lo más noble y divino que cabe imaginar.

Ten cuidado, porque no tengo miedo y eso me hace poderoso.

Nada contribuye tanto a serenar la mente como una finalidad permanente, un punto en el cual el alma pueda fijar su atención.

Mis sueños eran todos míos; Yo no le rendía cuentas de ellos a nadie; eran mi refugio cuando estaba molesto, mi más querido placer cuando era libre.

¿Por qué presume el hombre de una sensibilidad mayor a la de las bestias cuando esto sólo consigue convertirlos en seres más necesitados? Si nuestros instintos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres. Pero nos conmueve cada viento que sopla, cada palabra al azar, cada imagen que esa misma palabra nos evoca.

Aunque sea sólo un cúmulo de infelicidad, la vida me es querida y la defenderé.

Cualquier inteligencia normalmente dotada que se dedique con interes a determinada area, llega sin duda a dominarla con cierta profundidad.

Yo, como el archidemonio, llevaba un infierno en mis entrañas; y, no encontrando a nadie que me comprendiera, quería arrancar los árboles, sembrar el caos y la destrucción a mi alrededor, y sentarme después a disfrutar de los destrozos.

Si nuestros instintos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres. Pero nos conmueve cada viento que sopla, cada palabra al azar, cada imagen que esa misma palabra nos evoca.

Para aproximarse a la perfección, un hombre debería conservar siempre la calma y la tranquilidad del espíritu sin permitir jamás que ésta fuera turbada por una pasión o un deseo momentáneo.

Aprecio la vida, aunque sólo sea una sucesión de angustias, y la defenderé.

La invención, debe ser admitido humildemente, no consiste en crear desde el vacío, sino desde el caos [...] consiste en la capacidad de atrapar las posibilidades de un tema y en el poder de moldear y dar forma a las ideas que sugiere.

Sin embargo, ¡cuántas cosas estamos a punto de descubrir si la cobardía y la dejadez no entorpecieran nuestra curiosidad!

Quien no haya experimentado la seducción que la ciencia ejerce sobre una persona, jamás comprenderá su tiranía.

El remordimiento anulaba cualquier esperanza. Era el autor de males irremediables, y vivía bajo el constante terror de que el monstruo que había creado cometiera otra nueva maldad.

La vida y la muerte me parecían límites ideales, que yo primero debo romper, y vertir un torrente de luz en nuestro mundo oscuro.

Nada hay más doloroso para el espíritu humano, tras la excitación que provoca la rápida sucesión de los acontecimientos, como esa calma mortal de apatía y certidumbre que la sigue, y priva al alma de toda esperanza y temor.

El aspecto encantador de la naturaleza me elevaba el ánimo; el pasado se me borraba de la memoria; el presente era tranquilo, y el futuro embellecido, por rayos luminosos de esperanza y expectativas de alegría.

El lugar fue mi retiro, y descansé feliz de haber hallado un refugio, por miserable que fuese, para protegerme de la inclemencia de la estación, y aún más de la barbarie del hombre.

¿Cómo puede el hombre alardear de una sensibilidad superior a las de las bestias? Si nuestros impulsos fueran sólo los del hambre y la sed, los del deseo, estaríamos muy cerca de la libertad.

Un ser humano en su perfección debería siempre preservar la calma y paz mental y nunca permitir que las pasiones o deseos transitorios disturben su tranquilidad.

Observando a mi alrededor y escuchando a mis vecinos jamás pude oír hablar de un ser semejante a mí. ¿Era, por lo tanto, un monstruo, una criatura de la que todos se alejarían con repugnancia y horror?

Yo en cambio llevaba un infierno dentro de mi, y nadie podría arrancarlo jamás.

Y ahora, una vez más, ordeno a mi horrible progenie a ir y prosperar. Tengo un afecto por ella, porque era la descendencia de los días felices, cuando la muerte y el dolor eran palabras, que no encontraron ningún verdadero eco en mi corazón.

Vi cómo se marchitaba y acababa por perderse la belleza; cómo la corrupción de la muerte reemplazaba la mejilla encendida; cómo los prodigios del ojo y del cerebro eran la herencia del gusano.