A veces las personas son hermosas. No en apariencia. No en lo que dicen. Sólo en lo que son.

Descarada y alegre, una trilogía de felicidad avanzaría con el verano y se adentraría en el otoño. Sin embargo, algo le pondría un brusco final. La alegría le mostraría el camino al sufrimiento.

Junto a los escombros de Colonia, un grupo de niños recogía contenedores de combustible vacíos arrojados por sus enemigos. Como siempre, yo recogía humanos. Estaba cansada. Y apenas habíamos llegado a la mitad del año.

Él era el chalado que se había pintado de negro y había desafiado al mundo. Ella la ladrona de libros, sin palabras.

No está de más mencionar que todo patrón tiene siempre alguna brecha y que un día este acaba dando un vuelco o pasa página.

Le gustaban los corrillos apretados y lo desconocido. La agridulce sensación de la incertidumbre: Ganar o perder.

Tomaré tu alma en mis manos, un color se posará sobre mi hombro y te llevaré conmigo con suma delicadeza.

¿Qué he hecho?, no dejaba de musitar. Le hubiera gustado consolarlo, pero nunca había visto a un hombre tan deshecho.

En ese momento Liesel lo notó en los hombros: el dolor, el impacto del rechazo definitivo.

Apesadumbrada, se dio cuenta de que los relojes no suenan a nada que se parezca siquiera a un tictac, sino al ruido que hace un martillo, arriba y abajo, golpeando una y otra vez contra el suelo. El sonido de una sepultura.

¿No veis la herida que tengo dentro? ¿No veis cómo se extiende y me corroe ante vuestros ojos? No quiero volver a tener esperanzas.

No podía hacer nada contra la atracción que ejercían los libros sobre ella.

Puedo ser alegre. Amable, agradable, afable... Y eso sólo son las palabras que empiezan por 'a'. Pero no me pidas que sea simpática, la simpatía no va conmigo".

Ser bueno en algo era interesante.

¿Quién estaba allí para tranquilizarlo cuando le arrancaron la alfombra de la vida bajo los pies dormidos?

Un ojo abierto, el otro soñando.

Creo que a los humanos les gusta contemplar la destrucción a pequeña escala.

Todo el mundo sabe que una bola de nieve en la cara es el comienzo perfecto de una amistad duradera.

¿Cómo puede quedarse allí sentada dispuesta a morir mientras yo quiero seguir viviendo? ¿Por qué quiero vivir? No debería y, sin embargo, quiero vivir.

Soy idiota. [...] Y amable. Lo que me convierte en el mayor imbécil del mundo.

El silencio siempre era la mayor de las tentaciones.

Ignoraba que las palabras pudieran pesar tanto.

Creo que a los humanos les gusta contemplar la destrucción a pequeña escala. Castillos de arena, castillos de naipes, por ahí empiezan. Su gran don es la capacidad de superación.

Se estaba despidiendo y ni siquiera lo sabía.

Pero créeme, las palabras estaban de camino, y cuando llegaron, Liesel las sujetó entre las manos como si fueran nubes y las escurrió como si estuvieran empapadas de lluvia.

No puedes quedarte ahí sentado esperando que el nuevo mundo se adapte a ti, eres tú el que tiene que adaptarse…

Sí, la recuerdo menudo y conservo su historia en uno de mis múltiples bolsillos para contarla una y otra vez. Es una más de la pequeña legión que llevo conmigo, cada una de ellas extraordinarias a su modo. Todas son un intento, un extraordinario intento de demostrarme que vosotros, y la existencia humana, valéis la pena.

La ladrona de libros había dado su primer golpe: sería el comienzo de una ilustre carrera.

Arschloch podría traducirse por "imbécil", y no distingue entre el femenino y el masculino. Uno simplemente lo es.

Puedo oler el sexo en ella, y solo deseo que ella pueda oler el amor en mí.

Supongo que lo que espero es la vida que vendrá más allá de estas páginas.

Se dio cuenta de que era mucho más fácil hallarse a las puertas de algo que haberlas cruzado.

Rudy Steiner temía el beso de la ladrona de libros. Debía de haberlo deseado con todas sus fuerzas. Debió de haberla querido con todo su corazón. Tanto, que nunca más volvería a pedírselo y se iría a la tumba sin él.

El misterio me aburre, es una lata. [...] Las intrigas que nos empujan hasta el final son las que me inquietan, me desconciertan, me pican la curiosidad y me asombran. Quedan muchas en las que pensar. Queda mucha historia.

Las calles de la ciudad estaban llenas de gente, pero la extranjera no se habría sentido más sola de haber estado desiertas.

A veces pienso que mi padre es un acordeón porque oigo sus notas cuando me mira y sonríe y respira.

Simplemente volvieron juntos a casa, con los pies doloridos y el corazón cansado.

Los jóvenes siguen siendo niños y los niños a veces tienen derecho a ser cabezotas.

Había un tren y un niño tosiendo. Había nieve y una niña destrozada por el dolor.

A veces llego demasiado pronto, me adelanto. Y hay gente que se aferra a la vida más de lo esperado".

Me maravilla lo que los humanos son capaces de hacer aunque estén llorado a lágrima viva, que sigan adelante, tambaleantes, tosiendo, rebuscando, hallando.

A veces me mata ver cómo muere la gente.

No me hagáis feliz. Por favor, no me cameléis y me dejéis creer que algo bueno puede salir de todo esto.

Por favor, a pesar de las amenazas anteriores, conserva la calma. Sólo soy una fanfarrona. No soy violenta. No soy perversa. Soy lo que tiene que ser".

Un pequeño detalle: Morirás".

Sola como estaba, carecía de la disciplina necesaria para mantenerse convenientemente alejada.

Cómo no va a gustarle a alguien un hombre que no sólo se fija en los colores, sino que además los comenta.

Tal vez todo el mundo puede vivir más allá de lo que son capaces.

Los mejores recolectores de palabras eran los que comprendían el verdadero poder de las palabras, los que subían más alto.