Las palabras son como las balas.

¿Qué te importa? ¡Ocúpate de ser tu mejor! Tal como eres, ni siquiera puede entender lo que aquí pueda ser la verdad.

¡No juegues con las profundidades de otro!

Nuestras palabras sólo expresan hechos, del mismo modo que una taza de té sólo podrá contener el volumen de agua propio de una taza de té por más que se vierta un litro en ella.

El sentido del mundo tiene que residir fuera de él y, por añadidura, fuera del lenguaje significativo.

Que toda la sabiduría es fría y que con ella es tan difícil ordenar la vida como forjar hierro frío.

Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo.

Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar.

El trabajo del filósofo es compilar recuerdos para una finalidad determinada.

La religión cristiana es sólo para aquel que necesita una ayuda infinita, es decir, para quien siente una angustia infinita.

Si el cristianismo es la verdad, es falsa toda filosofía al respecto.

La forma en que empleas la palabra “Dios” no muestra en quién piensas, sino lo que piensas.

La sabiduría es gris. En cambio, la vida y la religión son multicolores.

Los limites de mi lenguaje son los limites de mi mente.

La filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento por medio de nuestro lenguaje.

Sentimos que aún cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo. Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta.

Sólo podemos, pues, salir al paso de la injusticia o vaciedad de nuestras aserciones exponiendo el modelo como lo que es, como objeto de comparación —como, por así decirlo, una regla de medir; y no como prejuicio al que la realidad tiene que corresponder. (El dogmatismo en el que tan fácilmente caemos al filosofar). Sobre lenguaje y significado.

Dar la esencia de la proposición significa dar la esencia de toda descripción; o sea, la esencia del mundo.

Me parece que, en cada cultura, me cruzo con un capítulo dirigido a 'Sabiduría'. Y entonces sé exactamente lo que va a seguir: ' vanidad de vanidades, todo es vanidad.'

No nos damos cuenta de la prodigiosa diversidad de juegos de lenguaje cotidianos porque el revestimiento exterior de nuestro lenguaje hace que parezca todo igual.

Diles que mi vida fue maravillosa.

De lo que no se puede hablar hay que callar.

Proferir una palabra es como golpear una nota en el teclado de la imaginación.

La religión dice: ¡Haz esto!, ¡piensa así! Pero no puede fundamentarlo y cuando lo intenta repugna; pues para cada una de las razones que dé, existe una razón contraria sólida. Más convincente sería decir “¡Piensa así!, por extraño que te parezca”. O: “¿No quisieras hacer esto?”

La muerte no es un acontecimiento en la vida: no vivimos para experimentar la muerte. Si tomamos la eternidad para significar no la duración temporal infinita sino lo atemporal, entonces la vida eterna pertenece a los que viven en el presente.

No todas las religiones deben tener una actitud del tipo de San Agustin con respecto al sexo. Incluso en nuestra cultura los matrimonios se celebran en una iglesia, y aunque todos los presentes saben lo que va a ocurrir esa noche, eso no impide que sea una ceremonia religiosa.

La solución a los problemas que ves en tu vida es vivir en tal forma que desaparezca lo problemático.

La muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive. Si por eternidad se entiende no una duración temporal infinita, sino la intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente.

La totalidad de los hechos atómicos existentes es el mundo. Atómicos en el sentido de indivisibles, simples, nucleares; sin partes menores que los constituyen.

Aunque todas las posibles preguntas de la ciencia recibiesen respuesta, ni siquiera rozarían los verdaderos problemas de nuestra vida.

El hombre tiene que mantenerse despierto para maravillarse y tal vez también los pueblos. La ciencia es una forma de enviarlo a dormir otra vez.

De lo que no puedo hablar tengo la obligación de callarme.

Una proposición sólo puede decir cómo es una cosa, pero no qué es ella.

No hay enigmas. Si un problema puede plantearse, también puede resolverse.

No sé por qué estamos aquí, pero estoy completamente seguro de que no es para divertirnos.

La sabiduría no tiene pasiones. Kierkegaard llama a la fe, por el contrario, una pasión.

El conocimiento está finalmente basado en el reconocimiento.

Lo inefable (aquello que me parece misterioso y que no me atrevo a expresar) proporciona quizá el trasfondo sobre el cual adquiere significado lo que yo pudiera expresar.

La arquitectura exalta algo. Por eso, allí donde no hay nada que exaltar, no puede haber arquitectura.