No hay pasión más ilusa y fanática que el odio.

Para tener alegría, uno debe compartirla.

¿Qué sería la juventud sin el mar?

¡La pluma!, ese poderoso instrumento de los hombres insignificantes.

¡La amistad es amor sin sus alas!

¿Qué debería yo haber sabido o escrito si hubiera sido un político tranquilo y comercial o un señor en espera? Un hombre debe viajar y crear conmoción, o no hay existencia.

Es extraño, pero es verdad, porque la verdad es siempre extraña, más extraña que una ficción.

No tengo coherencia, excepto en la política; y eso probablemente surge de mi indiferencia hacia el tema en su totalidad.

Las mujeres odian todo lo que arranca el oropel del sentimiento, y tienen razón, o les robaría sus armas.

Las sonrisas forman los canales de una lágrima futura.

Cuando la edad enfria la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último; y nuestra evocación más dulce, la del primer beso.

El amor encontrará un camino por los senderos donde los lobos temen ir de caza.

El que cae desde una dicha bien cumplida, poco le importa cuán hondo sea el abismo.

Los que mueren por una causa noble nunca quedan frustrados.

El odio es la demencia del corazón.

En la primera pasión la mujer ama a su amante, en las otras todo lo que ama es al amor.

Sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo.

Al que cae desde una dicha cumplida no le importa cuán hondo sea el abismo.

Si debemos tener un tirano, que por lo menos sea un caballero que haya sido criado para el negocio, y nos deje caer por el hacha y no por la cuchilla del carnicero.

El amor del hombre es algo aparte en su vida, mientras que el de la mujer es su existencia entera.

Brillan tanto las lágrimas en los ojos de una niña que nos da lástima besarlas cuando están secas.

La experiencia es el primero de los filósofos, pero el más doloroso cuando hemos llegado a conocer bien su ciencia.

Tengo grandes esperanzas de que vamos a amarmos toda la vida, mucho como si nunca nos hubiéramos casado.

Las opiniones se hacen para cambiarse - ¿o cómo uno consigue la verdad?

La vida es demasiado corta para dedicarse al ajedrez.

El árbol de la sabiduría no es el de la vida.

Shelley es la verdad en sí y el honor en sí, no obstante sus raras nociones sobre la religión.

La muerte, que así se llama, es una cosa que hace que los hombres lloren, sin embargo un tercio de la vida se pasa en el sueño.

Estoy a punto de casarme y por supuesto estoy en toda la miseria de un hombre en busca de la felicidad.

La amistad es el amor, pero sin sus alas.

Hay peregrinos de la eternidad, cuya nave va errante de acá para allá, y que nunca echarán el ancla.

Siempre se interpone algo entre nosotros y lo que creemos que es nuestra felicidad.

Busca rosas en diciembre o hielo en junio; espera encontrar constancia en el viento o grano en la paja; cree en una mujer o en un epitafio, o en cualquier otra cosa que sea falsa, pero no te fíes de los críticos.

Ciertamente, es agradable ver estampado el propio nombre; un libro es siempre un libro, aunque no contenga nada.

Lo que llamamos muerte es una cosa que hace llorar a los hombres; y, sin embargo, se pasan un tercio de su vida durmiendo.

El mundo no puede dar alegrías tan grandes como las que quita.

Los oídos no pueden escuchar ni la lengua puede escribir las torturas de ese infierno interior.

Es muy cierto que el deseo de vida la prolonga.

Si soy tonto, es, por lo menos, dudable; y no envidio a nadie la certeza de su sabiduría aprobada por sí mismo.

La amistad puede ascender a amor, y a menudo lo hace, pero el amor nunca desciende a amistad.

Aunque los sabios derramen tesoros de su sabiduría, no existe un moralista más severo que el placer.

Estados Unidos es un modelo de fortaleza, libertad y moderación - con toda la grosería y rudeza de su pueblo.

Jamás mueren en vano los que mueren por una causa grande.

No hay ningún instinto como el del corazón.

El gran arte de la vida es la sensación, sentir que existimos, incluso en el dolor.

Aunque todos los sabios derramaran el tesoro de su sabiduría, no hay más severo moralista que el placer.

No hay nada, sin duda, que calme el espíritu tanto como el ron y la religión verdadera.

Sé tú el arco iris en las tormentas de la vida. El destello en la noche que sonríe las nubes lejos y tiñe el mañana con rayo profético.

El recuerdo del gozo ya no es gozo, mientras que el recuerdo del dolor todavía es dolor.