El matrimonio puede esperar, la educación no puede.

Los chicos, comprendió, se planteaban la amistad de la misma forma que el sol: daban por sentada su existencia y disfrutaban de su resplandor, pero nunca lo contemplaban directamente.

Durante un par de horas cada jueves, cuando Yalil la visitaba, entre sonrisas y regalos y palabras cariñosas, Mariam se sentía merecedora de toda la belleza y los obsequios que podía ofrecer la vida. Y por eso Mariam lo quería.

El único enemigo al que un afgano no puede derrotar es a sí mismo.

El mundo no ve el interior de las personas, y que poco importan las esperanzas, penas y sueños que albergamos bajo una máscara de piel y hueso. Es así de sencillo, cruel y absurdo.

Sospecho que, en el fondo, lo que todos esperamos, contra todo pronóstico, es que nos suceda algo extraordinario.

Hasta el día de hoy, me resulta complicado mirar directamente a gente como Hassan, gente que cree cada palabra que dice-.

Confía tu secreto al viento, pero luego no le reproches que se lo cuente a los árboles.

El corazón de un hombre es miserable. No es como el vientre de una madre. No sangra, ni se ensancha para hacerte sitio.

Porque una sociedad no tiene la menor posibilidad de éxito si sus mujeres no reciben educación.

Con el tiempo he descubierto que lo que dicen del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Por que el pasado se abre paso a zarpazos.

Sólo te permiten ser así de feliz cuando están preparándose para llevarse algo de ti.