¡Ay de aquel cuyo corazón no ha aprendido mientras era joven a esperar, amar y poner su confianza en la vida!

No hay miedo que pueda hacer frente al hambre, no hay paciencia que la soporte, el asco simplemente no existe donde el hambre es; y en cuanto a las supersticiones, creencias, todo eso que ustedes llamarían principios, son menos que paja enfrentada a la brisa.

La fuerza de uno es solo un accidente que se deriva de la debilidad de los otros.

Toda época se nutre de ilusiones, si no, los hombres renunciarían pronto a la vida y ése sería el final del género humano.

Enfrentarse; siempre enfrentarse, es el modo de resolver el problema ¡Enfrentarse a él!.

Juzga a un hombre tanto por sus amigos como por sus enemigos.

La fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros.

Aflicción al hombre cuyo corazón no ha aprendido de joven a tener esperanza, a amar - y a poner su confianza en la vida.

Sólo se escribe la mitad de un libro: de la otra mitad debe ocuparse el lector.

Tal vez la vida es solo eso... un sueño y un temor.

Cada brizna de pasto tiene su lugar en la tierra de donde obtiene su vida, su fuerza; y así está el hombre arraigado a la tierra de la cual obtiene su fe junto con su vida.

Dios es para los hombres y la religión para las mujeres.

El valor de una frase está en la personalidad de quien la dice, porque nada nuevo puede ser dicho por un hombre o una mujer.

El que quiera persuadir debe poner su confianza no en el argumento de la derecha, pero en la palabra correcta. El poder del sonido siempre ha sido mayor que la potencia del sentido.

Lo último que una mujer consiente a descubrir en un hombre que ella ama, o de quien ella simplemente depende, es la falta de coraje.

No hay miedo que pueda hacer frente al hambre, no hay paciencia que pueda hacerlo desaparecer, la repugnancia simplemente no existe donde existe el hambre; y en cuanto a la superstición, y lo que podríamos llamar principios, tiene menos peso que la hojarasca de viento.

Recuerdo mi juventud y aquel sentimiento que nunca más volverá. El sentimiento de que yo podría durar más que todo, más que el mar, más que la tierra, más que todos los hombres.

Creia que era una aventura y en realidad era la vida.

Es imposible transmitir las sensaciones vitales de cualquier momento dado de nuestra existencia, las sensaciones que le confieren veracidad y significado, su esencia sutil y penetrante. Es imposible. Vivimos igual que soñamos: solos…

Vivimos igual que soñamos: solos.

Es una verdad sensiblera e indecente la que sale a través de la fuerza del vino.

Las mentiras tienen cierto sabor fúnebre, guardan relación con la mortalidad.

Que piensen lo que quieran, pero no pretendía ahogarme. Tenía intención de nadar hasta hundirme –pero no es lo mismo.

La vida real de un hombre es lo que queda de él en los pensamientos de otros hombres debido al respeto o al amor natural.

Ser mujer es una tarea terriblemente difícil, porque consiste principalmente en tratar con hombres.

A fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros.

Sólo en la imaginación de los hombres encuentra toda la verdad una auténtica e innegable existencia. La imaginación, y no la invención, es la maestra suprema del arte y de la vida.

Todas las ambiciones son lícitas, excepto aquellas que elevan las miserias de la humanidad.

Toda idealización empobrece la vida. Embellecerla es quitarle su carácter de complejidad, es destruirla.

Ser mujer es una tarea tremendamente difícil, ya que en la mayoría de las veces consiste en tratar con hombres.

La voz de las olas de vez en cuando era un verdadero placer, como la conversación de un hermano. Era algo natural, que tenía su razón, que tenía su significado.

Vivimos como soñamos, solos.

La vida es una bufonada: esa disposición misteriosa de implacable lógica para un objetivo vano. Lo más que se puede esperar de ella es un cierto conocimiento de uno mismo, que llega demasiado tarde, y una cosecha de remordimientos inextinguibles.

Supongo que solo aquéllos que no hacen nada estan libres cometer errores.

Ir a casa debe ser como ir a rendir una cuenta.

Tal vez toda la diferencia estribe en eso; tal vez toda la sabiduaría, toda la verdad, toda la sinceridad, están comprimidas en aquel inapreciable momento de tiempo en el que atravesamos el umbral de lo invisible.

La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad.

No me gusta el trabajo, a nadie le gusta; pero me gusta que, en el trabajo, tenga la ocasión de descubrirme a mí mismo.