¿Qué clase de mundo es este que puede mandar máquinas a Marte, pero queda impasible ante la masacre de seres humanos?

Tal vez el mundo sería algo más habitable si supiéramos cómo reunir las palabras que van errando por aquí y por allá.

Mientras los pobres esperando el cielo están en la tierra y en ella sufre, los ricos ya viven en el cielo estando en la tierra.

Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo.

Cada segundo que pasa es una puerta hacia el futuro. Pero quizás sea más acertado decir que el futuro es inmenso vacío del cual se nutre el eterno presente.

La naturaleza humana está hecha de tan extraña manera, que hasta los más sinceros y espontáneos movimientos del corazón pueden ser inoportunos en ciertas circunstancias.

Se dice que el paisaje es un estado del alma, que el paisaje de fuera lo vemos con los ojos de dentro.

La vida, sin embargo, tiene muchas cartas en la baraja y no es infrecuente que las juegue cuando menos se espera.

Cada uno ve el mundo con los ojos que tiene, y los ojos ven lo que quieren, los ojos hacen la diversidad del mundo y fabrican maravillas, aunque sean de piedra, y las altas proas, aunque sean de ilusión.

El peor dolor no es el que se siente en el momento, sino el que se siente más tarde cuando no hay nada que se pueda hacer.

Es una estupidez perder el presente sólo por el miedo de no llegar a ganar el futuro.

El destino nos espera siempre, por muy amargo que pueda llegar a ser, y eso siempre se sabe cuando es demasiado tarde para cambiar.

Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

El humano es un ser que está constantemente en construcción, pero también, y de manera paralela, siempre en un estado de destrucción.

El tiempo amigo mío, es un maestro de ceremonias que siempre acaba poniéndonos en el lugar que nos compete, vamos avanzando, parando y retrocediendo según sus órdenes, nuestro error es imaginar que podemos buscarle la vuelta.

Estamos llegando al fin de una civilización, sin tiempo para reflexionar, en la que se ha impuesto una especie de impudor que nos ha llegado a convencer de que la privacidad no existe.

Si uno, para que otro le guste, tuviera que esperar a conocerlo, no le bastaría la vida entera.

La actitud de altivez insolente es característica de las relaciones que los estadounidenses forman con lo que les es desconocido, con los demás.

Haber sido despedido es lo mejor que me ha pasado en la vida. Me hizo pararme a reflexionar. Fue mi nacimiento como escritor.

Nos faltan todavía muchas palabras para que comencemos a intentar decir quiénes somos y no siempre daremos con las que mejor lo expliquen.

Podemos huir de todo, pero no de nosotros mismos.

Si la literatura pudiera cambiar el mundo, ya lo habría hecho.

El barro es como las personas, necesita que lo traten bien.

Tener no es poseer. Puede tenerse aquello que no se desea. Posesión es tener y disfrutar lo que se tiene.

Es con lo que es con lo que tenemos que vivir, no con lo que sería o podría haber sido.

Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor es, sencillamente, cambiar.

Conocí gente del pueblo engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente que durante innumerables veces fue víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa.

En la falsa democracia mundial, el ciudadano está a la deriva, sin la oportunidad de intervenir política y cambiar el mundo. En la actualidad, somos seres impotentes ante las instituciones democráticas de los cuales ni siquiera podemos conseguir cerca.

He aprendido a no tratar de convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización de la otra.

El principio. Puro engaño de inocentes y desprevenidos, el principio nunca ha sido la punta nítida y precisa de un hilo, el principio es un proceso lentísimo, demorado, que exige tiempo y paciencia para percibir en qué dirección quiere ir, que tantea el camino como un ciego, el principio es sólo el principio, lo hecho vale tanto como nada.

Hay cosas que conviene no decir delante de un viejo si no queremos que él se nos ría en la cara.

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

Cada uno es para lo que nació. Así como el colibrí no puede soñar con el potente batir de las alas del albatros contra la violencia del viento ni con el majestuoso aletear del águila real sobre los valles.

Las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río. Si están allí es para que podamos llegar al otro margen, el otro margen es lo que importa.

Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame.

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir.

La hora de las verdades terminó. Vivimos en el momento de la mentira universal. Nunca se mintió tanto. Vivimos una mentira todos los días.

El sentir humano es una especie de caleidoscopio inestable.

Un hombre nunca sabe para qué está guardado, qué parte del bien y del mal le espera.

El escritor es sólo un pobre diablo que trabaja.

Dicen que el tiempo cura las heridas, pero nadie ha vivido lo suficiente para probar dicha teoría.

Las energías vuelven siempre cuando la esperanza vuelve.

La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva.

La vida, parece una línea recta, pero no lo es. Construimos nuestras vidas en tan sólo un cinco por ciento, el resto se hace a través de los demás, porque vivimos con los demás y, a veces uno contra el otro. Pero este pequeño porcentaje, este cinco por ciento, es el resultado de la sinceridad con uno mismo.

Hasta una simple palabra sobra si es la vida la que está cambiando.

La alegría y el dolor no son como el aceite y el agua, sino que coexisten.

El mundo de cada uno es lo que ven sus ojos.

No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo.

Ser comunista, socialista, o tener cualquier otra ideología es una cuestión hormonal.