¿Sabes lo difícil que es no decir nada? ¿A pesar de que hasta el último átomo de tu cuerpo se esfuerza en lo contrario?

La clave consistía en asegurarse de que nadie a quien permitieras caminar a tu lado decidiera quién eras y te etiquetara, como a una mariposa en una caja. La clave era saber que siempre podías encontrar de algún modo la forma de volver a reinventarte.

Necesitaba decirle, en silencio, que las cosas cambian, crecen o se marchitan, pero que la vida continua.

Porque, aunque todo el mundo te tire piedras, si tu madre te respalda, estás bien.

Prefiero estar contigo, incluso con ese tú que a ti te parece tan poca cosa, antes que con cualquier otra persona en el mundo.

Nunca, jamás me arrepentiré de las cosas que he hecho. Porque casi todos los días, si estás atrapado en un cacharro como este, lo único que te queda son los lugares de tus recuerdos que aún puedes visitar.

Te fallé, Will. Te fallé en todas las maneras posibles.

Y, por más que lo intento, no entiendo cómo puedes estar satisfecha con una vida tan minúscula. Esta vida que tiene lugar en un radio de poco más de cinco kilómetros y que no incluye a nadie capaz de sorprenderte, exigirte o mostrarte cosas que te dejen boquiabierta y no te dejen dormir de noche.

Necesitaba decirle, en silencio, que las cosas cambian, crecen o se marchitan, pero que la vida continúa. Que todos formamos parte de un ciclo superior, de un orden que solo Dios comprende.

Lloré. Esta vez no fueron unos sollozos. Las lágrimas me abandonaron en silencio, señal de que algo más me abandonaba. La culpa. El miedo. Otras emociones para las que no tenía palabras.

Tienes que salir de aquí, Clark. Prométeme que no vas a pasar el resto de tus días atrapada en esta maldita parodia de postal de vacaciones. […] Eres demasiado inteligente. Demasiado interesante. […] Solo se vive una vez. En realidad, es tu deber que sea una vida plena.

Es agotador estar junto a alguien tan deprimido. Aunque la compadezca, es inevitable sentir la sensación de decirle que se espabile.

Solo se vive una vez. En realidad, es tu deber que sea una vida plena.

No sabía que la música era capaz de abrir puertas dentro de uno mismo, de transportarte a un lugar que ni el compositor había previsto. Dejaba huellas en el aire alrededor de nosotros, como si arrastráramos su estela allá donde fuéramos.

¿como es que tienes el derecho a destrozarme la vida, quise preguntarle, pero yo no tengo ningun poder en la tuya?

¿Quiénes se creen los demás para decidir cómo han de ser nuestras vidas?

Claro que no somos felices todo el tiempo. Ninguna pareja lo es, y si alguien te dice que si, miente como un bellaco. Pero eso tú ya lo sabes.

Intenté no pensar en nada. Intenté existir, nada más.

Es más de lo que ya podía pedir. Más de lo que jamás había confiado encontrar. No me imagino compartiendo la vida con nadie más que con él.

Es asombroso que hayas rescatado de dentro de mí algo digno de amar.

Solo se vive una vez, ¿no?

En realidad, no tenía un lugar al que volver.

Inténtalo de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor . Samuel Beckett.

La sabiduría y el conocimiento darán estabilidad a tus tiempos.

Sus ojos están clavados en los míos. Ojos amables. Parece que entiende lo difícil que soy de convencer. Siento cómo su mano se cierra sobre la mía. Nunca he necesitado tanto el tacto humano.

Quiero que viva si él quiere vivir. Si no es así, al obligarlo a seguir adelante, tú, yo, por mucho que lo queramos, nos habremos convertido en otro hatajo de imbéciles que no sabe respetar su voluntad.

Esa misma cara resplandecería de alegría en cuanto cruzara la meta, como si solo lograse alcanzar las alturas sumiéndose primero en los abismos personales más insondables.

Algunas veces sentía como si todos estuviéramos vadeando en nuestro dolor, reticentes a admitir a los demás qué tanto nos estábamos ahogando.

Le conté una historia de dos personas. Dos personas que no deberían haberse conocido, y que al principio no se caían demasiado bien pero descubrieron que eran las únicas dos personas en el mundo que podrían comprenderse.

Que seas exigente contigo misma. Que no te conformes. Viste con orgullo esos leotardos a rayas.

Las lágrimas me abandonaron en silencio, señal de que algo más me abandonaba. La culpa. El miedo. Otras emociones para las que no tenia palabras.

No había tenido que renunciar a sus sueños: tan solo estaba empezando a permitirse tenerlos.

Tal vez la libertad física y personal solo se obtiene a costa de alguien o algo más.

Y ahí estaba. Él lo sabía. Yo lo sabía. No me quedaba nada por hacer. ¿Sabes lo difícil que es no decir nada? ¿A pesar de que hasta el último átomo de tu cuerpo se esfuerza en lo contrario?

Solo quería verle, sentir la fuerza de sus abrazos, ver brillar su cara como el sol encima de ella.

A Will no podía hablarle así, por su puesto (a Will y a mí nunca se nos dio bien conversar de las cosas que de verdad nos importaban), pero quería mostrárselo. Una promesa silenciosa, por así decirlo, de que existía algo más, un futuro más radiante.

Intenté existir, nada más, intenté absorber al hombre al que amaba mediante ósmosis, intenté grabar lo que quedaba de él sobre mi cuerpo.

No te estoy pidiendo que te arrojes de un rascacielos ni que nades junto a ballenas ni nada parecido (aunque, en secreto, me encantaría pensar que lo estás haciendo), pero sí que vivas con osadía. Que seas exigente contigo misma. Que no te conformes.

Me sentía como mi hermana cuando dio a luz a Thomas. «Es como si mirara por un embudo», me dijo. «El mundo se ha encogido y solo somos él y yo».

Un problema es un problema- respondí cuando me di cuenta de que esperaba que dijera algo - da igual quién lo tenga.

Ella no tenía el don de hacer que la gente se sintiera a gusto enseguida. En general, ella misma se sentía a disgusto frente a los demás.

Recuerdo haber mirado las estrellas, sentirme desaparecer en esa profundidad infinita, mientras el suelo se tambaleaba con dulzura.

Verse arrojada a una nueva vida (o, al menos, lanzada con tal fuerza contra la vida de alguien que es como aplastarse la cara contra la ventana) te obliga a replantearte quién eres. O qué impresión causas a otras personas.

Lo abracé con fuerza y no dije nada, sin dejar de decirle en silencio que era amado. Oh, pero cómo era amado.