La riqueza, aún en los casos más improbables, consigue transmitir el aspecto de la inteligencia.

Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad.

Por parte de todos excepto los patológicamente románticos, ahora se reconoce que esta no es la época de los hombres pequeños.

Una de las más grandes piezas de la sabiduría económica es saber lo que no sabes.

La guerra sigue siendo el fracaso humano decisivo.

Si no piensas en tu porvenir, no lo tendrás.

El proceso por el cual los bancos crean dinero es tan simple que da asco a la mente.

El humor es enormemente gratificante para la persona que lo emplea. Tiene algún valor para conseguir y mantener la atención, pero no tiene ningún valor persuasivo en absoluto.

La política no es el arte de lo posible. Consiste en elegir entre lo desastroso y lo desagradable.

El liberalismo es, creo, resurgente. Una razón es que más y más personas están conscientes de la alternativa muy dolorosamente.

Nada admiramos tanto en los políticos como una memoria corta.

Aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos la inmortalidad cometiendo algún error espectacular.

En economía, la esperanza y la fe conviven con gran pretensión científica y también con un deseo profundo de respetabilidad.

El enemigo de la sabiduría convencional no son las ideas sino la marcha de los acontecimientos.

La política es el arte de escoger entre lo desastroso y lo desagradable.

Hay momentos en la política cuando hay que estar del lado correcto y perder.

Las reuniones son indispensables cuando no quieres hacer nada.

El dinero se diferencia de un automóvil o un amante por ser igualmente importante para los que lo tienen que para los que no.

El conservador moderno participa en uno de los ejercicios más antiguos de la filosofía moral del hombre; es decir, en la búsqueda de una justificación moral superior para el egoísmo.

Bajo el capitalismo, el hombre explota al hombre. Bajo el comunismo, es justo al contrario.

La economía es extremadamente útil como una forma de empleo para los economistas.

En un régimen capitalista el hombre explota al hombre. En un régimen comunista ocurre exactamente lo contrario.

Todos los grandes líderes han tenido una característica en común: es la disposición de inequívocamente confrontar la ansiedad principal de su gente en su tiempo. Esto, y no mucho más, es la esencia del liderazgo.

Para manipular eficazmente a la gente, es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula.

El dinero es algo muy singular. Le da al hombre tanta alegría como el amor y tanta angustia como la muerte.

Mueren más personas en los Estados Unidos por exceso de comida que por falta de ella.

La riqueza no es sin sus ventajas y el caso contrario, aunque a menudo se ha hecho, nunca se comprobó ampliamente persuasiva.