No me atrevo acercarme a la forma del cuento corto. A los pequeños escritores gordos y subjetivos como yo, se los come vivos.

Espero que cuando me muera alguien tenga sentido común suficiente como para tirarme al río o algo así. Cualquier cosa menos meterme en un maldito cementerio. Eso de que venga la gente los domingos a ponerte ramos de flores en el estómago y todo ese rollo. ¿Quién quiere flores cuando ya se ha muerto? Nadie.

La gente ya está meneando la cabeza a mi alrededor, y si vuelvo a utilizar profesionalmente la palabra "Dios" en un futuro inmediato, no siendo como una sana y común exclamación americana, ello será considerado -o más bien, confirmado- como la peor clase de presunción y un signo inequívoco de que voy derecho a mi perdición.

A veces hago cosas de persona mayor, en serio, pero de eso nadie se da cuenta. La gente nunca se da cuenta de nada.

Era uno de esos tíos que consideran una mariconada no partirte cuarenta dedos cuando te dan la mano.

Si el sentimiento, en última instancia, no vuelve mentirosa a alguna gente, los abominables recuerdos seguro que sí.

Hay una paz maravillosa en no publicar. Hay paz. Tranquilidad. Publicar es una terrible invasión de mi privacidad.

No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo.

Nos pasamos la vida diciendo ''encantado de conocerte'' a personas que no queremos conocer, pero hay que hacer estas cosas para sobrevivir.

No importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego me da más pena todavía.

La vida es una partida, muchacho. La vida es una partida que uno juega de acuerdo con las reglas.

Los que de verdad me vuelven loco son esos libros que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera amigo tuyo y pudieras llamarle por teléfono cuando quisieras.

La única preocupación de un artista es apuntar a algún tipo de perfección, y según sus propios términos, no según los términos de otro.

Estoy harto de que sólo me guste la gente. Deseo a Dios que pueda conocer a alguien quién pueda respetar.

Si has de entablar una guerra contra el Sistema, dispara como una chica buena e inteligente: porque el enemigo está ahí, y no porque te disgusta su peinado o su maldita corbata" Zooey.

Si haces algo demasiado bien, o te andas con cuidado, o con el tiempo empiezas a querer lucirte y entonces ya no eres tan bueno.

Ciertas cosas deberían seguir siendo como son. Deberías poder meterlas en una de esas vitrinas de cristal y dejarlas en paz. Sé que es imposible, pero de todos modos es una pena".

Llevé el vestido al armario y se lo colgué. Tuvo gracia. Cuando lo colgué me puse un poco triste. Me la imaginé yendo a la tienda y comprándose el vestido sin que nadie supiese que era prostituta ni nada.

Es curioso. Todo lo que uno tiene que hacer es decir algo que nadie entiende y harán prácticamente cualquier cosa que uno quiera.

Encantadora. Si hay una palabra que odio, es ésa. Suena de lo más hipócrita.

Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haber conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de esas.

Si la chica es guapa, ¿a quién le importa que llegue tarde? Cuando aparece se le olvida a uno en seguida.

¿Cómo sabe uno lo que va a hacer hasta que llega el momento? Es imposible. Yo creo que sí, pero, ¿cómo puedo saberlo con seguridad?

Lo malo de las chicas es que si un tío les gusta, por muy mala persona que sea te dirán que tiene complejo de inferioridad, y si no les gusta, ya puede ser buen chico o tener un complejo de inferioridad tremendo, que dirán que es un creído.

No es que me importe mucho, pero también es un rollo que le estén diciendo a uno todo el tiempo que a ver si se porta como corresponde a su edad. A veces hago cosas de persona mayor, en serio, pero de eso nadie se da cuenta. La gente nunca se da cuenta de nada.

¿Es posible desear algo intensamente toda tu vida y no ser consciente de lo que deseas?

La mayoría de las chicas a las que les coges la mano dejan la mano como muerta o creen que tienen que moverla todo el rato porque piensan que si no vas a aburrirte todo el rato o algo así.

Ni siquiera me gustan los carros viejos. Prefiero tener un maldito caballo. Un caballo es por lo menos humano, por el amor de Dios.

En el mundo hay cosas bonitas. Y quiero decir bonitas. Somos imbéciles al desviarnos de ellas. Siempre, siempre relacionando cada maldita cosa que ocurre con nuestros asquerosos y pequeños egos.

No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se haya muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo.

¿Quién necesita flores cuando ya se ha muerto? Nadie.

Pensaba que era muy inteligente. Lo pensaba porque sabía mucho sobre teatro, y sobre obras de teatro, y sobre literatura y todo eso. Si alguien sabe mucho de esas cosas tardas bastante tiempo en descubrir si realmente es estúpido o no.

No odio a todos. Los odio unas cuantas horas o unos cuantos días, pero después se me pasa.

Los libros que realmente me gustan son esos que cuando los terminas te apetece llamar al autor para hablar con él.

No hay ninguna oración de ninguna religión del mundo que justifique la mojigatería.

Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella.

Soy una especie de paranoico a la inversa. Sospecho que las personas conspiran para hacerme feliz.

Este tipo de caída a la que creo que te diriges es de un tipo muy especial, terrible. Al que cae no se le permite ni oír ni sentir que ha llegado al fondo. Sólo sigue cayendo y cayendo.

Me paso la vida diciendo «encantado de haberte conocido» a personas que no me encanta nada conocer. Pero si quieres seguir vivo, tienes que decir esas cosas.

Montones de veces no sabes qué es lo que te interesa más hasta que empiezas a hablar de algo que no es lo que más te interesa.

¡Dios mío! ¡Cómo me fastidia que me digan «Buena suerte» cuando me voy de alguna parte! Es de lo más deprimente.

Los católicos siempre están intentando saber si tú también eres católico.

Bajé por una escalera diferente y vi otro «Que te jodan» en la pared. Quise borrarlo con la mano también, pero este lo habían grabado con una navaja o algo así. No había forma de quitarlo. De todos modos, es inútil. Aunque se dedicara uno a eso un millón de años, nunca podría borrar ni la mitad de todos los «Que te jodan» del mundo. Es imposible.

Todas las madres son un poco locas.

Los poetas se toman siempre el tiempo tan a pecho. Siempre están metiendo sus emociones en cosas que no tienen ninguna emoción.

A todos los que vinieron a visitarme les pondría una condición. No hacer nada que no fuera sincero.

Me he ido de un montón de sitios sin darme cuenta siquiera de que me marchaba.

La vida es una partida y hay que vivirla de acuerdo con las reglas del juego.

¿Cómo sabes que vas a hacer algo, hasta que lo haces?