Comprendo con inquietud creciente que las personas caídas del cielo se pueden marchar con la misma facilidad.

Las personas, cuando se enamoran, arden en llamas.

El choque frontal era inevitable, pasara lo que pasara. Puede que algunas personas estén destinadas a formar parte de la misma historia.

Estamos debajo de un farol y procuro no mirarlo fijamente, pero me cuesta mucho. Ojalá pudiera parar el mundo como un reloj para poder contemplarlo a mi antojo.

Ninguna mujer se puede resistir a un hombre que alberga maremotos y terremotos bajo la piel.

La vida es pura contradicción. Tenemos que aprender de todos ellos, sacar partido de todas las lecciones. Porque son ciertas, no más.

La realidad es demoledora. El mundo es un zapato que me queda pequeño. ¿Cómo puede soportarlo alguien?

Porque, por más cursi que suene, quiero ser una inestable torre humana que haga el mundo un lugar más feliz, no más desgraciado.

Puede que algunas personas estén destinadas a formar parte de la misma historia.

Nos entenderíamos mejor, y yo me preocuparía menos, si no me recordaras tanto a mí misma.

Aprovecha la (segunda o tercera o cuarta) oportunidad. Vuelve a crear el mundo.

Deja la frase en suspenso. En lugar de terminarla, me acaricia la mejilla con el dorso de la mano. El gesto me agarra desprevenido, funde hasta el último de mis átomos, porque es tan inesperado, tan tierno… Al igual que su mirada. Me duele el pecho de pura alegría, como si fuera un caballo que se zambulle en un río.

A ella, en cambio, le cuesta más saber lo que yo estoy pensando, porque en mi cabeza hay persianas que bajo cuando es necesario.

Amor, pienso, pienso, pienso, pienso, pero no lo digo. No lo digas.

Las personas mueren, pero nuestras relaciones con ellas no. Perviven y se transforman por siempre.

En una milésima de segundo he visto todo aquello que podría ser, todo lo que quiero ser. Y todo lo que no soy.

¿Quién sabe si existen los fantasmas o si sólo son recuerdos palpitantes de los seres queridos que perviven en nuestro interior, que nos hablan, que intentan captar nuestra atención por todos los medios?

Nadie me ha tocado así nunca, ni me ha mirado como él me mira ahora, con una mirada tan profunda. Me entran ganas de esconderme de él y de besarle al mismo tiempo.

Su risa me deja de una pieza. Por lo general, no es de las que se ríen por nada. Todo lo contrario, cuando estás con ella te sientes como si descansaras en una iglesia desierta. Por eso me cae bien. Es callada y seria, tiene más de mil años y al verla se diría que sabe hablar con el viento.

La vida real se hace añicos. También soy alérgico a la vida real.

Y ahora hay caballos galopando dentro de ella. Los oigo.

Ojalá que mi sombra se levantara para caminar a mi lado.

A veces uno se desconecta de su propia vida y, cuando lo hace, cuesta bastante encontrar el camino de vuelta.

Albergaba la esperanza de no encontrarlo aquí. Y de encontrarlo. Y de no albergar la esperanza de encontrarlo.

Las palabras salen volando de su boca, se atan a mi corazón y me lo arrancan del pecho. Entiendo lo que intenta decirme.

A veces tienes las cosas muy claras y, de repente, te das cuenta de que no sabes nada de nada.

En los mundos de mi invención, todo es posible. Todo.

Me toma las manos, las retiene entre las suyas. Nuestros ojos se encuentran y se quedan ahí, y el mundo empieza a esfumarse, al igual que el tiempo, los años se enrollan como alfombras, hasta que todo lo sucedido acontece a la inversa y, por un instante, somos los que éramos otra vez, más unidad que pareja.

Deseamos con nuestras manos; eso es lo que hacemos los artistas.

¿Quién iba a decir que un beso pudiera ser así, capaz de alterar el paisaje interior hasta tal punto de, desbordar los mares, de empujar los ríos montaña arriba, de devolver la lluvia a las nubes?

Nunca había pensado en que las estrellas siguieran ahí arriba durante el día, aunque no podamos verlas.

Habla en un tono grave, aterciopelado e íntimo, y no confío en mí misma lo suficiente como para responderle.

Se requiere mucho coraje para ser sincero con uno mismo, para ser fiel a lo que te dicta el corazón. Siempre has sido muy valiente en ese sentido y espero que lo sigas siendo.

Les digo a diario que uno viene a arriesgarse. Que no hay pena que valga. Deben hacer elecciones, cometer errores, fallos gigantes, terribles, insensatos, embarrarla hasta el fondo. No hay modo de aprender más que ese. Se lo repetí mil veces, pero veo que muchos de ustedes siguen asustados.

Caminamos y caminamos por el ceniciento ocaso mientras el bosque se adormece. Los árboles se extienden en fila, el arroyo enmudece, las plantas se hunden en la tierra, los animales ceden el sitio a sus sombras y, al final, nosotros también.

Contengo el aliento. ¿Cómo puede alguien hacerte sentir así por el mero hecho de pronunciar tu nombre?

El amor hace y deshace. Atrae la dicha y la desdicha con igual intensidad.

Lo sucedido entre nosotros ha colonizado hasta la última de mis neuronas. Apenas soy capaz de atarme los cordones de los tenis. Esta mañana no sabía ni masticar.

Sí, perfecto, eres la neta — (...) Cuando los glaciares se rompen debido al aumento de la temperatura, se habla de un desplome. Me estoy desplomando—. Tus ojos son etéreos, toda tu cara lo es. Ayer por la noche me pasé horas mirando tus fotos. Me haces estremecer.

Es nuestra historia y la contamos como queremos.

Vaya. Dijo que el corazón derrota a la mente. La esperanza o el miedo derrotan a la razón.

Puede que yo haya vivido aquí, en el mundo, demasiado inmersa en mi propia cobardía como para ver gran cosa.

Sólo nos queda huir hacia delante.

Para que se produzcan milagros tienes que ser capaz de verlos.

Por lo general, cuando vuelves a ver a alguien, descubres que no se parece a la imagen que habías recreado en tu pensamiento. Él sí. Resplandece exactamente igual que en mi retrato mental. Es un espectáculo de luces.

La gente cree que lo controla todo, pero se equivoca. Son los árboles los que poseen el control.

Nadie te dice cuánto pesa la ausencia, ni cuánto tiempo dura.

Nunca hay una sola verdad, no hay más que un montón de historias y todas suceden al mismo tiempo, en nuestras cabezas, en nuestros corazones, todas estorbándose unas a otras. Todo es un maravilloso y funesto desastre.

No sabía que se podía acabar enterrada en el silencio propio.