¡Qué agradable sería nuestra vida si nos la contaran como un cuento, si no hubiéramos de vivirla como una historia!

El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.

El amor es como Don Quijote, cuando recobra el juicio es que está para morir.

¡Qué triste cosa sería la vida si sólo la razón gobernara nuestras acciones!

La alegría de hacer bien está en sembrar, no en recoger.

Es tan fea la envidia que siempre va por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa que cuando pretende disfrazarse de justicia.

Materializar lo espiritual hasta hacerlo palpable, espiritualizar lo material hasta hacerlo invisible: ése es todo el secreto del arte.

¿Qué ama en nosotros el que nos quisiera distintos de como somos? El amigo que sabe llegar al fondo de nuestro corazón, ése, como tú, ni aconseja ni recrimina; ama y calla.

¡Bienaventurados nuestros imitadores, porque de ellos serán todos nuestros defectos!

Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.

El verdadero carácter siempre aparece en las grandes circunstancias.

Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos.

El verdadero amor desea la felicidad del amado, sin exigir en pago nuestra propia felicidad.

El día en que cada uno fuéramos un tirano para nosotros mismos, todos los hombres seríamos igualmente libres, sin revoluciones y sin leyes.

El dinero pasa al correr por muchos lodazales.

Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos, con alas para salvarlos.

La verdadera educación se demuestra cuando se pierde la educación.

Una hora de alegría es algo que robamos al dolor y a la muerte, y el cielo nos recuerda pronto nuestro destino.

Ser feliz es cuestión de práctica.

Un buen hombre es un hombre como nos conviene a los demás que sea, pero como ninguno de nosotros debería ser; un buen hombre es un hombre bueno para los demás.

El amor es lo más parecido a una guerra, y es la única guerra en que es indiferente vencer o ser vencido, porque siempre se gana.

El lujo de ser mejores que los demás hay que pagarlo; la sociedad exige un tributo que ha de pagarse en tiras de pellejo.

El mal que hacemos es siempre más triste que el mal que nos hacen.

Poco bueno habrá hecho en su vida, quien no sepa de ingratitudes.

El mal pago añade mérito a las buenas obras.

En amor sienta bien a los hombres algo de timidez. La timidez del hombre hace más atrevidas a las mujeres.

Algunos escritores aumentan el número de lectores; otros sólo aumentan el número de libros.

El amigo que sabe llegar al fondo de nuestro corazón, ése, como tú, ni aconseja ni recrimina; ama y calla.

La educación no es cosa de un día ni de dos… He conocido familias mal educadas hasta la quinta generación. Es la enfermedad más hereditaria.

El verdadero cariño no es el que perdona nuestros defectos, sino el que no los conoce.

La calumnia no puede ser nunca más que la venganza de los cobardes.

Los dictadores pueden reformar las leyes; pero no las costumbres.

Lo difícil es conocer el verdadero amor. El amor es un dios, y los dioses, si se muestran como dioses, son incomprensibles a la razón humana. Y si se muestran con apariencia comprensible, ya no creemos que sean dioses.

Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro.

El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor.

Los libros son como los amigos: no siempre es el mejor el que más nos gusta.

Huyamos del aspaviento, señal de incomprensión. No se diga: "Nunca he visto semejante cosa", "Adónde llegaremos por este camino". En el mundo se ha visto todo y adónde llegaremos no se sabe, pero malo será llegar, porque la vida no es detenerse, sino caminar, por caminos buenos o malos, por atajos o por encrucijadas.

Los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados.

Deseo paciencia a los impacientes por verme desaparecer. Ya falta menos que antes.

Lo mejor es darles a los demás un papel agradable en la vida, para que lo representen bien.

Quizás a nadie atormentamos como a nuestra madre; quizá por ningún cariño sacrificamos menos; tan seguros estamos de poseerlo siempre, de que siempre perdona.

Eso de que el dinero no da la felicidad son voces que hacen correr los ricos para que no los envidien demasiado los pobres.

Dios castiga en los hijos las culpas de los padres, porque sabe que no hay mayor dolor para los padres que el dolor de los hijos.

Piense usted que siempre es más noble engañarse alguna vez que desconfiar siempre.

Es difícil salvar a quien no quiere salvarse del todo, pero aún es más difícil salvar a quien sólo quiere salvarse a medias.

En la vida, lo más triste, no es ser del todo desgraciado, es que nos falte muy poco para ser felices y no podamos conseguirlo.

Los sabios se ríen del mundo sin odio y sin amargura.

La alegría de hacer bien está en sembrar, no está en recoger.

Yo podría ser el último paria de mi reino, un leproso abandonado por todos, sin recuerdo y sin esperanza de goce alguno, y aún quisiera vivir.