Todo lo que usted necesita para el éxito y un mejor futuro, ya ha sido escrito. ¿Y adivine qué? Todo lo que tiene que hacer es ir a la biblioteca.

La inteligencia es útil para todo, suficiente para nada.

Para vivir debemos conquistar incesantemente, debemos tener el coraje de ser felices.

Nada muestra mejor el carácter de cada cual, que su manera de portarse con los necios.

La acción y la fe esclavizan al pensamiento, ambos en busca de no ser inquietados ni incomodados por la reflexión, la crítica y la duda.

La incertidumbre es el refugio de la esperanza.

Si existe algún conflicto entre el mundo natural y el moral, entre la realidad y la conciencia, la conciencia es la que debe llevar la razón.

Ser mal comprendidos por aquellos a quienes amamos, he ahí el cáliz de la amargura y la cruz de la vida. Eso es lo que pone en la boca de los hombres superiores esa sonrisa dolorosa y melancólica tan extraña.

El destino puede seguir dos caminos para causar nuestra ruina: rehusarnos el cumplimiento de nuestros deseos y cumplirlos plenamente.

El destino tiene dos maneras de herirnos: negándose a nuestros deseos y cumpliéndolos.

Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres.

Si el hombre se engaña siempre en sus juicios sobre la mujer, es porque olvida que ella y él no hablan un mismo lenguaje, y que sus palabras no tienen el mismo valor y la misma significación, especialmente cuando se habla de sentimientos.

La indiferencia ante los problemas morales es la enfermedad de las clases ilustradas.

La destreza ayuda en todo, pero no basta.

El alma femenina tiene algo de oscuro, de misterioso, que se presta a toda clase de supersticiones y que enerva las energías viriles.

El respeto mutuo implica la discreción y la reserva hasta en la ternura, y el cuidado de salvaguardar la mayor parte posible de libertad de aquellos con quienes se convive.

Cuida tu reputación, no por vanidad, sino para no dañar tu obra, y por amor a la verdad.

No hay ningún respeto por los demás sin humildad en uno mismo.

El mejor camino por la vida es la carretera.

La era igualitaria es el triunfo de la mediocridad. Es desagradable, pero inevitable, y constituye una venganza del pasado. La humanidad, después de haberse constituido sobre la base de las diferencias individuales, se organiza ahora sobre la de sus semejanzas.

El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.

Para el arte de vivir, los hábitos son más eficaces que las máximas, ya que el hábito es una máxima viviente que se ha hecho instinto y carne. La vida no es más que un tejido de costumbres.

No me interesa la edad. Las personas que me dicen su edad son tontas. Eres tan viejo como te sientes.

Mil cosas avanzan. Novecientas noventa y nueve retroceden. Esto es el progreso.

No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo.

Adular para reinar es la práctica de los cortesanos de todos los absolutismos y de los bufones de todos los tiranos.

Los hombres grandes son los verdaderos hombres, los hombres en los cuales la naturaleza ha llegado a su pleno logro.

No desprecies tu situación: ahí es donde debes emplearte, sufrir y vencer.

La vida es un aprendizaje para someternos a constantes renunciaciones, al fracaso continuado de nuestras pretensiones, de nuestras esperanzas, de nuestras facultades, de nuestra felicidad.

¿Qué cosa es la locura? Es la ilusión elevada a la segunda potencia.

La sociedad vive por la fe y se desarrolla a través de la ciencia.

El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.

Las instituciones sólo valen según el valor del hombre que las aplica.

La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir.

Cada vida es una profesión de fe, y ejerce una influencia inevitable y silenciosa.

Dime lo que consideras en la habitación cuando la luna llena te brilla y la lámpara se te esta apagando, y te diré cuántos años tienes, y sabré si eres feliz.

La mujer es la salud o la perdición de la familia. Ella lleva el destino de la misma en los pliegues de sus vestidos.

¡Qué difícil es vivir, oh fatigado corazón mío!

Saber envejecer es una obra maestra de la sabiduría, y una de las partes más difíciles del gran arte de vivir.

Vale más perderse que salvarse solo. Querer tener razón, sin querer al mismo tiempo compartirla con otros, es un crimen contra toda su especie.

Un error es tanto mas peligroso cuanto mayor sea la verdad que contenga.

El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos.

Cedemos ante los comienzos del mal porque son males pequeños; pero en esta aparente debilidad está el germen de nuestra derrota. Con sumo rigor en tales concesiones nos evitaríamos muchos infortunios.

Cuanto más se ama más se sufre.

Toda necesidad se calma y todo vicio crece con la satisfacción.

Nuestro deber es ser útiles, pero no como quisiéramos, sino como podamos.

La verdadera humildad consiste en estar satisfecho.

El hombre que pretende ver todo con claridad antes de decidir, nunca decide.

Las mujeres desean ser amadas sin un porqué o un para qué; no porque sean bonitas, o buenas, o bien educadas, o agraciadas o inteligentes, sino porque son ellas mismas .