Sus voces hacen temblar el viento y sus conciencias trepidar la tierra. Doblegan bosques enteros y aplastan ciudades, pero jamás bosque o ciudad alguna ha visto la mano destructora.

La vida es algo horrible.

Me sentí en el borde del mundo; mirando por encima del borde en un caos insondable de la noche eterna.

Los hombres de ciencia sospechan algo sobre ese mundo, pero lo ignoran casi todo. Los sabios interpretan los sueños, y los dioses se ríen.

Esas gentes son tan silenciosas y hurañas que uno tiene la impresión de verse frente a un recóndito enigma del que más vale no intentar averiguar nada. Y ese sentimiento de extraño desasosiego se recrudece cuando, desde un alto del camino, se divisan las montañas que se alzan por encima de los tupidos bosques que cubren la comarca.

Siempre sé que soy un extraño; un extraño en este siglo y entre los que todavía son hombres.

Un extraño impulso me llevó a encaramarme a la amplia losa, apagar la vela y yacer dentro de la caja desocupada.

Los recuerdos y las posibilidades son aún más horribles que las realidades.

Ante ese faro han desfilado por espacio de un siglo los majestuosos barcos de los siete mares. En tiempos de mi abuelo eran multitud; en los de mi padre no tanto, y ahora son tan pocos que a veces me siento extrañamente solo, como si yo fuese el último hombre sobre nuestro planeta.

Ahora conocía la diabólica fabula que portaba aquel dorado esplendor, ahora evitaba la tétrica luz que antaño admiré con fervor; y un miedo espantoso y mortal ¡Ha apresado mi alma para siempre!

En medio del desolado paraje, incluso el tétrico bosque de más allá parecía un hogar acogedor.

La atmósfera es siempre el elemento más importante, por cuanto el criterio final de autenticidad de un texto no reside en su argumento, sino en la creación de un estado de ánimo determinado.

En épocas extrañas hasta la muerte puede morir.

Rara vez deja de haber ironía incluso en el mayor de los horrores.

La vida nunca me ha interesado tanto como escapar de la vida.

La imaginación es algo muy potente, y en los ignorantes a menudo usurpa el lugar de la experiencia genuina.

La vida es algo terrible y tras el telón de lo conocido asoman atisbos de demoníaca verdad que la hacen a veces infinitamente más temible.

Temo que mi entusiasmo llame cuando se me exija trabajo real.

Me parecía extraña la escasa altura de los templos principales y del corredor del subsuelo, tallado indudablemente por deferencia las deidades reptiles que ellos adoraban; aunque, claramente, obligaban a los adoradores a reptar.

El periodismo es un oficio fácil. Cuestión de escribir lo que dicen los demás.

Los mayores logros humanos nunca han sido con fines de lucro.

Debía tratarse de una enfermedad natural…Aunque resultaba imposible conjeturar qué clase de enfermedad producía aquellos terribles resultados.

Nadie baila sobrio a menos que esté completamente loco.

Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad.

Eran sensaciones; pero dentro de ellas había elementos increíbles de tiempo y de espacio…Cosas que en el fondo poseen una existencia clara y definida.

Si la religión fuera cierta, sus seguidores no tratarían de forzar a sus jóvenes a una conformidad artificial, sino que simplemente insistirían en su búsqueda imparable de la verdad, independientemente de los orígenes artificiales o consecuencias prácticas.

El hombre que conoce la verdad está más allá del bien y del mal. El hombre que conoce la verdad ha comprendido que la ilusión es la realidad única y que la sustancia es la gran impostora.

El proceso de profundizar en el abismo negro es para mí la forma más aguda de fascinación.

Me tenía completamente trastornado esa pasión por lo extraño y lo desconocido que me había convertido en un errabundo en la tierra y un frecuentador de lugares remotos, antiguos y vedados.

Algo terrible llegó a las colinas y valles con aquel meteoro, y algo terrible, aunque ignoro en qué medida, sigue estando allí.

Me gusta el café excesivamente.

La satisfacción de un momento es la ruina del siguiente.

Si estoy enojado, ¡es misericordia! ¡Que los dioses se compadezcan del hombre que, en su insensibilidad, puede permanecer cuerdo hasta el horrible final!

Con eones extraños incluso la muerte puede morir.

¡Ojalá los dioses misericordiosos, si existen efectivamente, protejan esas horas en que ningún poder de la voluntad, ni las drogas inventadas por el ingenio del hombre, pueden mantenerme alejado del abismo del sueño!

Creo que el profesor Angell murió porque sabía o quería saber demasiado. Es posible que me aguarde un fin parecido, pues yo también he aprendido mucho.

Siempre que las estrellas estuvieran en posición, podían saltar de un mundo a otro a través de los cielos; mas cuando las estrellas no eran propicias, Ellos no podían vivir. Pero aunque no pudieran vivir, tampoco morirían realmente.

Es una lástima que la mayor parte de la humanidad tenga una visión mental tan limitada a la hora de sopesar con calma y con inteligencia aquellos fenómenos aislados, vistos y sentidos sólo por unas pocas personas psíquicamente sensibles, que acontecen más allá de la experiencia común.

Pero más maravillosa que las historias de los hombres ancianos y las historias de los libros es la historia secreta del océano.

Nuestra capacidad para evitar un sueño prolongado era sorprendente, ya que rara vez sucumbíamos más de una hora o dos a esa oscuridad que ahora se había convertido en espantosa amenaza.

Ciertos toques aquí y allá eran vagos indicios de símbolos y estímulos latentes que, si hubiésemos tenido otro trasfondo mental y emocional y un sistema sensorial totalmente diferente, habrían tenido un profundo significado para nosotros.

Lo que siguió entonces fue una exhaustiva comparación de detalles y un momento de pavoroso silencio cuando el detective y el científico llegaron a la conclusión de la práctica identidad de la frase común a aquellos dos rituales diabólicos pertenecientes a mundos tan diferentes y distantes entre sí.

Solo la poesía o la locura podrían hacer justicia a los ruidos.

Ningún nuevo horror puede ser más terrible que la tortura diaria de lo cotidiano.

Toda la vida es solo un conjunto de imágenes en el cerebro, entre las cuales no hay diferencia entre los nacidos de cosas reales y los nacidos de sueños internos, y no hay motivo para valorar a los unos encima de los otros.

Entre las angustias de los días que siguieron está el mayor de los suplicios: la inefabilidad. Jamás podré explicar lo que vi y conocí durante esas horas de impía exploración, por falta de símbolos y capacidad de sugerencia de los idiomas.

No cabía duda de que las descripciones de sueños y los recortes recopilados por el profesor venían a corroborar los hechos, pero la racionalidad de mi mente y la extravagancia de todo este tema me llevaron a adoptar lo que a mi juicio eran las conclusiones más sensatas.

La muerte es misericordiosa, ya que de ella no hay retorno; pero para aquel que regresa de las cámaras más profundas de la noche, extraviado y consciente, no vuelve a haber paz.

No me importaba el futuro; huir, bien mediante curación, inconsciencia o muerte, era cuanto me importaba.