Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidad.

La existencia es esfuerzo, es deseo, es dolor.

Amar puede consistir en las palabras que hacen sangre, en el reproche, en la represión; lo que importa es la pureza de la intención.

Quiero saberlo todo. Y siempre me encuentro como antes, triste como la vida y resignado como la sabiduría.

Si es cierto que en cada amigo hay un enemigo potencial. ¿Por qué no puede ser que cada enemigo oculte un amigo que espera su hora?

Nada más común entre los hombres que el deseo de riqueza. Amontonar dinero de todos modos, aún los más infames, ha padecido, siempre la mejor y más respetable de educación.

Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar.

Los asuntos vencen siempre en el primer momento y suelen ser vencidos antes del fin.

Una salud demasiado espléndida es inquietante, pues su vecina, la enfermedad, está presta siempre a abatirla.

Si un hombre cualquiera, incluso vulgar, supiese narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novedades que se hayan escrito jamás.

El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga.

El Diablo ha recuperado sus derechos de ciudadanía en la república de la cultura. Después de las dos guerras, después de las saturnales del odio y la ferocidad (…) se advierte que no sólo es una creación poética sino tambien uno de los protagonistas de la historia.

Después de treinta años se ve de verdad lo que se vale, porque se lucha con los más jovenes. Antes de los treinta se batalla con viejos y la empresa es mas cómoda.

El poeta que estuviera satisfecho del mundo en que vive, no sería poeta.

El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad.

Cada hombre es diverso, distinto de los demás, inefable, único, absolutamente personal. La igualdad humana es una ilusión intelectualista engendrada por un anhelo sentimental.

Las armas son instrumentos para matar y los Gobiernos permiten que la gente las fabrique y las compre, sabiendo perfectamente que un revólver no puede usarse en modo alguno más que para matar a alguien.

El Diablo no es ateo; todo lo contrario. Está convencido, aún más que nosotros, de la existencia de Dios, porque lo ha contemplado de cerca, porque lo ha visto actuar.

Todos los hombres buscan una recompensa. Nadie hace nada por nada.

En todos los grandes hombres de ciencia existe el soplo de la fantasia.

Los groseros yerran casi siempre en sus pensamientos. La senzillez es una fuerza que vence todas las astucias.

El dinero, que ha hecho morir a tantos cuerpos, hace morir todos los días a miles de almas.

Todo hombre no vive más que por lo que espera.

Aburrirse en el momento adecuado es signo de indulgencia.

Todo hombre paga su grandeza con muchas pequeñeces, su victoria con muchas derrotas, su riqueza con múltiples quiebras.

La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde.

Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar.

Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo.

Los hombres en general no son sino marionetas maltratadas por un titiritero.

Para amar a los hombres es preciso abandonarlos de cuando en cuando. Lejos de ellos, nos acercamos a ellos.

Podría decirse en cambio que Dios es ateo. La fe presupone una relación entre el creyente y el objeto de la creencia. Pero Dios es Aquél que es, y ningún otro ser existe por encima de Él. Tiene conciencia de sí mismo, pero no tiene eso que nosotros llamanos fe o creencia. Sólo a Dios, precisamente porque es Dios, le está permitido ser ateo.

El amor no es capaz de ver los lados malos de un ser; el odio no es capaz de ver los lados buenos.