La guerra es un mal que deshonra al género humano.

Tal vez toda nuestra vida no sea más que un sueño continuo; tal vez el instante de nuestra muerte será un repentino despertar.

La altivez es útil, todo hombre debe ser altivo.

La fuerza no puede jamás persuadir a los hombres; sólo logra hacerlos hipócritas.

La curiosidad de los niños es una inclinación, que va delante de la instrucción; es menester pues aprovecharse de ella.

Si Dios te molesta, diselo igualmente.

La muerte sólo será triste para los que no han pensado en ella.

Todas las guerras son guerras civiles, porque todos los hombres son hermanos.

Las almas bellas son las únicas que saben todo lo que hay de grande en la bondad.

La adversidad depende menos de los males que sufrimos que de la imaginación con que los padecemos.

La franqueza en las mujeres, es casi siempre una inconsecuencia.

La ambición está más descontenta de lo que no tiene que satisfecha de lo que tiene.

El más libre de todos los hombres es aquel que puede ser libre dentro de la esclavitud.

La rectitud de conducta y la reputación general de honradez recaban para sí mayor confianza y aprecio, y a la larga, por consiguiente, más ventajas, incluso materiales, que cualquier camino sinuoso.

Si queréis formar juicio acerca de un hombre, observad quienes son sus amigos.

Si a cambio de mi amor a la lectura viera a mis pies los tronos del mundo, rehusaría el cambio.

Sólo el infortunio puede convertir un corazón de roca en un corazón humano.

No podemos ver a la virtud sin amarla, ni amarla sin ser felices.

El medio mejor para ganar mucho es no querer ganar demasiado y saber perder a tiempo.

Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más temerosos.

El verdadero valor consiste en prever todos los peligros y despreciarlos cuando llegan a hacerse inevitables.

Los que saben ocuparse en cualquiera lectura útil y agradable, jamás sienten el tedio que devora a los demás hombres en medio de las delicias.

Así como la demasiada autoridad corrompe a los reyes, así el lujo emponzoña toda una nación.

Ningún poder humano puede jamás violentar el sagrario impenetrable de la libertad del corazón.

El hombre se mueve. Dios le guía.

El verdadero medio de ganar mucho consiste en no querer nunca ganar demasiado.

El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce así mismo.

No te hagas muy amigo del alma triste y melancólica. Siempre estan muy cargados, y debes cargar la mitad.

La molicie y la ociosidad hacen insolentes y rebeldes a los pueblos.

El amor lo toma todo, y todo lo da.

Jamás es perdido el bien que se hace.

Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más débiles y cobardes; doblan la cerviz en faltándoles la autoridad, y se les ve tan abatidos como se les conoció soberbios; en un momento pasan de un extremo a otro.

Huye de los elogios pero trata de merecerlos.

El más desgraciado de todos los hombres es el que cree serlo.

Si la justicia no es fuerte es preciso que la fuerza sea justa.

El sufrimiento depende no tanto de lo que se padece cuanto de nuestra imaginación, que aumenta nuestros males.

Ordinariamente, aquellos que educan a los niños y no les perdonan nada se perdonan todo a sí mismos.

El que ha amado con pasión, aborrece con furor.

El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad.