El sentido oculto de la vida es que la vida no tiene ningún sentido oculto.

Estoy cansado de lo que nunca tuve y nunca tendré, cansado de los dioses aún inexistentes. Mi cuerpo está dolorido por el esfuerzo que ni siquiera imaginé realizar.

Somos dos abismos: un pozo mirando fijamente al cielo.

Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas.

Llevo en mí todas las cicatrices de todas las batallas que evité librar.

¿La dulzura del pasado? El recordarlo, puesto que recordarlo es hacerlo presente y no lo es ni ya lo puede ser —el absurdo, mi amor, el absurdo.

¿Cómo sabéis que viajando así no me rejuvenezco oscuramente? Infantil de absurdo, revivo mi propia infancia y juego con las ideas de las cosas como con soldados de plomo, con los cuales, de pequeño, hacía cosas que nada tenían que ver con un soldado. Ebrio de errores, me pierdo a veces por sentirme vivir.

¿Por qué es bello el arte? Porque es inútil ¿Por qué es tan fea la vida? Porque en ella todo son fines y propósitos. Todos sus caminos conducen de un punto hasta otro punto. ¡ojalá hubiera un camino hecho en un lugar donde nadie parta hacia otro lugar al que nadie va! Quién.

¡Pobres semidioses novatos que conquistan imperios con la palabra y con la intención noble, pero necesitan dinero para pagar el cuarto y la comida!

¿Quién en este largo mundo me confesaría haber sido vil una vez?

¡Ah, no hay nostalgia más dolorosa que la de las cosas que nunca han sucedido!

¡Todo tan superfluo! Nosotros y el mundo y el misterio de ambos.

¡Benditos sean los instantes y los milímetros y las sombras de las cosas pequeñas, aún más humildes que ellas!

¿Por qué es bello el arte? Porque es inútil ¿Por qué es tan fea la vida? Porque en ella todo son fines y propósitos.

¿Poseemos algo? Si ni siquiera sabemos lo que somos, ¿cómo hemos de saber lo que poseemos?

¡No encontrar nunca a Dios, no saber nunca, ni siquiera, si Dios existe! Ir pasando de mundo en mundo, de encarnación en encarnación, siempre en la ilusión que halaga, siempre en el error que acaricia.

Hacer, he ahí la inteligencia verdadera. Seré lo que quiera. Pero tengo que querer lo que sea. El éxito está en tener éxito, y no en tener condiciones para el éxito.

Pero imperfecto es todo, y no hay ocaso tan bello que no pudiera serlo un poco más, ni suave brisa adormecedora que no pudiese producirnos un sueño más calmo todavía. Y.

Feliz, finalmente, quien renuncia a todo, y a quien, por renunciar a todo, nada le puede ser quitado o reducido.

Tenemos todos dos vidas: la verdadera, que es la que soñamos en la infancia, y que continuamos soñando, adultos en un sustrato de niebla; la falsa, que es la que vivimos en convivencia con los demás, que es la práctica, la útil, aquella en que terminan por meternos en un cajón.

Que nuestro amor sea una oración. Úngeme de verte y haré de mis momentos de soñarte un rosario donde mi tedio sea un Padre Nuestro y mis angustias Aves Marías...

Dios me creó para que yo lo imitara de noche. Él es el Sol, yo soy la Luna. Mi luz flota sobre todo lo que es fútil o ha terminado, fuego fatuo, márgenes de río, pantanos y sombras.

Un amor es un instinto sexual, pero no amamos con el instinto sexual, sino con la presuposición de otro sentimiento. Y esa presuposición es ya, en efecto, otro sentimiento. -Bernardo Soares [heterónimo]

El gozo de ser comprendido no puede disfrutarlo quien quiere ser comprendido, porque eso sólo les sucede a los complejos y a los incomprendidos; y los demás, los sencillos, los que pueden ser comprendidos por los demás, ésos nunca sienten el deseo de ser comprendidos.

Porque yo soy del tamaño de lo que veo, y no del tamaño de mi estatura.

Pon todo lo que eres en lo mínimo que hagas.

El hombre es un egoísmo mitigado por una indolencia.

La música, la luz de la luna y los sueños son mis armas mágicas.

Quien nunca ha vivido oprimido no siente la libertad.

Sí, el tedio es eso: la pérdida, a través del alma, de su capacidad para ilusionarse; la falta, en el pensamiento, de la escalera inexistente por la que ascender confiado a la verdad.

Nos volvemos efigies tan falsas, que llegamos al punto de no saber ya quiénes somos. Porque, por otra parte, nosotros, que somos efigies falsas, no sabemos lo que somos realmente. El único modo de estar de acuerdo con la vida es estar en desacuerdo con nosotros mismos. Lo absurdo es lo divino.

Del amor sólo he exigido que nunca dejase de ser un sueño lejano.

Necesitar el dominio sobre los demás es necesitar de los demás. El jefe es un subalterno.

Lo absurdo nos salva de llegar, pese al tedio, a aquel estado del alma donde comienza por sentirse la dulce furia del sueño.

Al hacer las cosas con otros pierdo, por lo menos una cosa, que es hacer las cosas solo.

El tedio no es la enfermedad del aburrimiento por no tener nada que hacer, sino la enfermedad más grave de sentir que no vale la pena hacer nada.

Ni brisa, ni gente que interrumpa lo que no pienso.

Procura ser quien eres, te amen o no.

Te estoy esperando, como distracción, en nuestro cuarto de dos puertas y te sueño llegando a mi sueño y en mi sueño entras hasta mí por la puerta de la derecha; si al entrar lo hicieras por la puerta de la izquierda, habría ya un contraste entre mi sueño y tú.

Nunca he encarado el suicidio como una solución, porque odio la vida por amor a ella.

Tal vez se descubra que aquello que llamamos Dios, y que de forma tan patente está en otro plano diferente al de la lógica y la realidad espacial y temporal, es una forma de nuestra existencia, una sensación de nosotros mismos en otra dimensión del ser.

Sólo sabe escribir quien es capaz de ver sus propios sueños con nitidez (y es así) o ver en sueños la vida, verla de forma inmaterial, haciéndole fotos con la máquina del devaneo, sobre la cual los rayos de lo pesado, de lo útil y de lo restringido no pueden actuar, revelándose en negro la placa espiritual.

Siempre he creído que la virtud estaba en obtener lo que no se alcanza, en vivir donde no se está, en estar más vivo después de muerto que cuando se estaba vivo, en conseguir, en fin, algo difícil, absurdo, en vencer, como un obstáculo, la propia realidad del mundo.

Hay bastante metafísica en no pensar en nada.

Para mí, la humanidad es un vasto motivo de ornamentación que vive en los ojos y en los oídos y acaso en la emoción sicológica.

Sólo la abstención es noble y alta, porque reconoce que la realización es siempre inferior y que la obra hecha es siempre la sombra grotesca de la obra soñada.

Sé que desperté y que duermo todavía. Mi cuerpo antiguo, molido de tanto vivir, me dice que es muy temprano aún...

Tengo en mí todos los sueños del mundo.

Mira, no hay ninguna metafísica en la tierra como los chocolates.