¡Ay qué sinrazón! No quiero contigo cama ni cena, y no hay minuto del día que estar contigo no quiera, porque me arrastras y voy, y me dices que me vuelva y te sigo por el aire como una brizna de hierba.

¿Qué debo decir sobre la poesía? ¿Qué debo decir sobre esas nubes o sobre el cielo? Mira; Míralos; ¡Míralo! Y nada más. ¿No entiendes nada de poesía? Deje eso a los críticos y los profesores. Porque ni usted, ni yo, ni ningún poeta conocemos lo que es la poesía.

Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.

¡Ay qué trabajo me cuesta, quererte como te quiero!

¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (ADELA arrebata un bastón a su madre y lo parte en dos). No dé usted un paso más.

¡Qué trabajo nos cuesta traspasar los umbrales de todas las puertas!

¡Qué esfuerzo! ¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro! ¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina! ¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.

¿Cuál es el rincón más lejano? Porque es donde quiero estar, solo con lo único que amo.

Mira a la derecha y a la izquierda del tiempo y que tu corazón aprenda a estar tranquilo.

La mujer no ha nacido para que se la comprenda, sino para que se la ame.

El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta.

Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil que no encuentra el acento de su primer sollozo.

Siempre has sido lista. Has visto lo malo de las gentes a cien leguas… Pero los hijos son los hijos. Ahora estás ciega.

Esperando, el nudo se deshace y la fruta madura.

El caracol pregunta: "¿Pero qué son las estrellas?" "Son luces que llevamos sobre nuestra cabeza". "Nosotras no las vemos", las hormigas comentan. Y el caracol: "Mi vista sólo alcanza a las hierbas.

La única cosa que la vida me ha enseñado, es que la mayoría de las personas pasan sus vidas embotelladas dentro de sus casas haciendo las cosas que odian.

La creación poética es un misterio indescifrable, como el misterio del nacimiento del hombre. Se oyen voces, no se sabe de dónde, y es inútil preocuparse de dónde vienen.

A quien le dices el secreto le das tu libertad.

Yo había matado la quinta luna y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos.

El amor es el beso en el tranquilo nido mientras las hojas tiemblan, reflejadas en el agua.

El que quiere arañar la luna, se arañará el corazón.

Para ver que todo se ha ido dame to mudo hueco, ¡amor mío! Nostalgia de academia y cielo triste. ¡Para ver que todo se ha ido!

Dios mío, he venido con las semillas de las preguntas. Las planté y nunca florecieron.

Dejaría en este libro toda mi alma.

El sueño va sobre el tiempo flotando como un velero. Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño.

Incluso el dinero, que brilla mucho, escupe a veces.

Adán y Eva. La serpiente rompió el espejo en mil pedazos, y la manzana era su roca.

La nieve está cayendo en el campo desierto de mi vida, y mis esperanzas, que deambulan lejos, tienen miedo de congelarse o perderse.

Nueva York es algo horrible, algo monstruoso. Me gusta caminar por las calles, perdido, pero reconozco que Nueva York es la mentira más grande del mundo. Nueva York es Senegal con máquinas.

Yo, poeta sin brazos, perdido entre la multitud que vomita, sin caballo efusivo que corte los espesos musgos de mis sienes.

La vida es la risa en medio de un rosario de la muerte.

Buscad el gran sol del centro hechos una piña zumbadora. El sol que se desliza por los bosques seguro de no encontrar una ninfa, el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño, el tatuado sol que baja por el río y muge seguido de caimanes.

Porque eso son los viejos: la cuerda, la ligazón que hay entre la vida y el abismo de la muerte.

Vamos al rincón oscuro, donde yo siempre te quiera, que no me importa la gente, ni el veneno que nos echan.

Si en esta casa hubiera hierbas, ya te encargarías de traer a pastar las ovejas del vecindario.

Muerte, muerte cruel, deja una rama verde por amor.

Siempre estaré del lado de aquellos que no tienen nada y que ni siquiera pueden disfrutar de nada de lo que tienen en paz.

Tener un hijo no es tener un ramo de rosas.

Comprende un solo día por completo, para que puedas amar cada noche.

Mira a la derecha y a la izquierda del tiempo, y que tu corazón aprenda a estar tranquilo.

La nostalgia terrible de una vida perdida, el fatal sentimiento de haber nacido tarde, o la ilusión inquieta de un mañana imposible con la inquietud cercana del dolor de la carne.

Hoy en mi corazón hay un vago temblor de estrellas y todas las rosas son tan blancas como mi dolor.

Es mucho mejor sufrir por una mujer viva y hacer el ridículo por ella, que tener un fantasma sentado año tras año en el corazón.

A las cinco de la tarde. Eran exactamente las cinco de la tarde. Un niño trajo la sábana blanca a las cinco de la tarde. Un frágil preparado de lima preparado a las cinco de la tarde. El resto fue muerte, y solo muerte.

Si yo tuviera hambre, no pediría un pan. Pediría medio pan y un libro.

Emilio, Enrique, Estaban los tres enterrados: Lorenzo en un seno de Flora; Emilio en la, yerta ginebra que se olvida en el vaso, Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.

Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos, cajas que guardan silencio de cangrejos devorados en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.

Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima.