A mi espalda, brillaba aún el sol y ante mí se levantaba la luna.

Antes me olvidaré de mi existencia que de ti.

La gente orgullosa cultiva dolores tristes por sí mismos.

Mi cariño a Heathcliff es como son las rocas del fondo de la tierra, que permanecen eternamente iguales sin cambiar jamás. Es un afecto del que no puedo prescindir.

Ocurre a veces que sentimos piedad por gente que ni para consigo misma ni para con los demás conoce este sentimiento.

Yo creo que hay fantasmas que vagan por el mundo, lo sé. Quédate siempre conmigo, bajo la forma que quieras, ¡vuélveme loco! Pero lo único que no puedes hacer es dejarme solo en este abismo donde no soy capaz de encontrarte.

Los soberbios no hacen más que dañarse a sí mismos.

Yo, desdichada criatura tuve que bajar finalmente mi bandera, tras una larga lucha hasta el oscurecer, con el abatimiento y la soledad.

Nunca confesó abiertamente su amor , pero si es cierto que los ojos hablan, hasta un idiota se habría dado cuenta de que estaba locamente enamorada.

Mi amor por Linton es cómo la maleza de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas, es fuente de escaso placer visible, pero necesario.

Todos mis dolores en este mundo han consistido en los dolores que ha sufrido Heathcliff, y los he seguido paso a paso desde que empezaron. El pensar en él llena toda mi vida. Si el mundo desapareciera y él se salvara, yo seguiría viviendo, pero si desapareciera él y lo demás continuara igual, yo no podría vivir.

Aunque él la amase con toda la fuerza de su mezquino ser, no la amaría tanto en ochenta años como yo en un día.

Precisamente los buenos son más egoístas que los dominantes.

¡Amo a quien me mata! Pero ¿cómo puedo perdonar a quien te mata a ti?

Si es cierto que yo te maté, persígueme. Se asegura que la víctima persigue a su asesino. Hazlo, pues, sigueme, hasta que me enloquezcas. Pero no me dejes solo en este abismo. ¡no puedo vivir sin mi vida! ¡no puedo vivir sin mi alma!

Le di mi corazón, lo cogió, lo pisoteó hasta dejarlo sin vida y me lo devolvió luego.

El mundo es una odiosa colección de recuerdos que claman que ella existió y yo la perdí .

Nunca le declaré abiertamente mi amor, pero si las miradas hablan, el más tonto habría podido advertir que me tenía trastornado el juicio.

No he sido yo quien ha roto tu corazón, te lo has roto tú misma, y al hacerlo has destrozado, de paso, el mío.

Todo recuerdo de un difunto es precioso, si se le sigue estimando como cuando vivía.

Un hombre sensato debe tener bastante compañía consigo mismo.

Él nunca llegará a saber cuánto le quiero, y no porque sea guapo, sino porque hay más de mí en él que en mí misma.

Pero no tendrá usted ganas, señor Lockwood, de oírme moralizar. Usted es tan capaz como yo de juzgar todo esto por sí mismo, o por lo menos se creerá usted capaz de hacerlo, que viene a ser lo mismo.

El pensar en él llena toda mi vida. Si el mundo desapareciera y él se salvara, yo seguiría viviendo, pero si desapareciera él y lo demás continuara igual, yo no podría vivir.

Veo glorias del cielo brillar y la fe brilla igual.

La tierra que despierta un corazón humano al sentimiento, podría ser el centro de ambos mundos: cielo e infierno.

Mi alma huye de su mansión de arcilla, en una noche ventosa, con luna llena en que la mirada puede recorrer mundos de luz. Que ya no estoy, que nada hay, ni tierra, ni mar, ni cielo sin nubes, excepto un espíritu viajero en la inmensidad infinita.

Y la de Linton es tan distinta como un rayo de luna de un relampago o como el hielo del fuego.

Si él la amase con toda la fuerza de su alma mezquina, no la amaría en ochenta años tanto como yo en un día.

Yo presumí que una persona que podía especular de antemano sobre el giro que daría a sus arrebatos de ira podría, de proponérselo, dominar también esos arrebatos.

En un sitio así yo sería capaz hasta de creer en un amor eterno, y eso que he creído siempre imposible que una pasión dure más de un año.

No sé de qué estarán hechas nuestras almas; pero, sean de lo que sea, la suya es igual a la mía.

¡Oh, Dios mío, es inconcebible! ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir si mi alma!

Si perecieran todas las demás cosas pero me quedara él, podría seguir viviendo. Si, en cambio, todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el mundo se me volvería totalmente extraño y no me parecería formar parte de él.

Entérate de que me consta que me has tratado horriblemente, ¿te enteras?, horriblemente. Si te figuras que no lo sé, eres una necia, y si te imaginas que me consuelas con palabras dulces, eres una idiota, y si piensas que no me tomaré venganza de ello, pronto te convencerás de lo contrario.

Un buen corazón te ayudará a tener una cara hermosa.

El amor es como la rosa salvaje; la amistad es como el acebo. El acebo es oscuro cuando las rosas salvajes florecen pero, ¿cuál florecerá más constantemente?

El mundo es para mi una horrenda colección de recuerdos diciéndome que ella vivió y que la he perdido.

Me parece apreciar en la muerte un reposo que ni el infierno ni la tierra son capaces de quebrantar, y me invade la sensación de un futuro eterno y sin sombras. Sí; la Eternidad.

Lo que más me hastía es esta maltrecha prisión. Ya estoy harta de mi encierro. Siento ansia de poder escaparme a aquel mundo espléndido, y de estar siempre allí. No quiero vislumbrarlo vagamente entre un velo de lágrimas, y suspirar por él tras los muros de un corazón lacerado; quiero estar realmente con él y en él.

En ocasiones he soñado cosas que no he olvidado nunca y que han cambiado mi modo de pensar. Han pasado por mi alma y le han dado un color nuevo, como cuando al agua se le agrega vino.

Se acercó y le alargó la mano. Hareton se puso sombrío como una nube de tormenta, apretó los puños y miró al suelo. Pero ella comprendió que aquello no era odio, sino testarudez, y, después de un instante de indecisión, se inclinó hacia él y le besó en la mejilla. Enseguida, se volvió a la ventana.

No demuestra buen corazon quien se burla de sus semejante por sus esfuerzos imperfectos.

Yo no te he destrozado el corazón; tú sola te lo has destrozado, y al hacerlo has destrozado también el mío.

De lo que sea que nuestras almas estén hechas; la suya y la mía son lo mismo.

Es una tontería lamentarse de una desgracia con veinte años de anticipación.

Permítame que me tome la libertad de preguntarle cómo se las arregla para vivir sin libros.

Bésame y llora todo lo que quieras, arráncame besos y lágrimas, que ellas te abrasarán y serán tu condenación. Tú misma te has matado.

Me pregunte, asombrado, como habia quien pudiera atribuir un descanso atormentaddo a los que duermen en la serenidad de aquella tierra tan tranquila.