A una pequeña chispa sigue una gran llama.

¡Oh, insensatos afanes de los mortales! ¡Qué débiles son las razones que nos inducen a no levantar nuestro vuelo de la Tierra!

¡Oh, conciencia vertical y de acero, que amargura trae la picadura de una pequeña culpa!

¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!

¡Oh, conciencia digna y pura!, ¡cuán amargo remordimiento te ocasiona una ligera caída!

¡Oh!, raza humana, nacida para volar, ¿Cómo puede entonces una pequeña brisa de viento.

¡Oh raza humana, nacida para remontar vuelo!, ¿por qué el menor soplo de viento te hace caer?

¿Cómo dijiste "tuvo"? Pues qué, ¿no vive aún? ¿No hiere ya sus ojos la dulce luz del día?

¡El secreto para lograr que se hagan las cosas es actuar!

Rompió el profundo sueño de mi mente un gran trueno, de modo que cual hombre que a la fuerza despierta, me repuse; la vista recobrada volví en torno ya puesto en pie, mirando fijamente, pues quería saber en dónde estaba.

¡Oh vosotros, que gozáis de sano entendimiento; descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan extraños versos!

¡Oh, vosotros que tenéis inteligencia! Mirad la enseñanza que se esconde detrás del velo de los versos extraños.

No tengas miedo; nuestro destino no puede ser tomado de nosotros; es un regalo.

Nadie piensa en la cantidad de sangre que cuesta.

Solo aquellas cosas se han de temer que detentan poder de daño a otro; de las otras no, que no son temibles.

Vuetra fama es como la flor, que tran pronto brota, muere, y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la tierra ingrata.

Se debe temer sólo aquello que puede perjudicar a otro; lo demás, no, que no da miedo.

A menos que moderes tu orgullo, este será tu mayor castigo.

No hay mayor dolor que recordar en la miseria el tiempo feliz.

Me ató a sus brazos, con placer tan fuerte, que, como ves, ni aun muerta me abandona.

La fama del mundo no es más que un soplo de viento que, ahora viene de aquí, y cambia de reputación cuando cambia de dirección.

Un poderoso fuego es solo la continuación de una pequeña chispa.

Tan oscuro es el fondo, que no deja ver nada si no subes hasta el dorso del arco, en que la roca es más saliente.

Para surcar mejores aguas despliega ahora las velas la navecilla de mi ingenio, que deja tras de sí un mar tan cruel.

Toda esperanza abandona a quienes aquí entran.

Soy el camino a la ciudad de la aflicción, soy el camino hacia el dolor eterno, soy el camino a seguir entre los perdidos.

Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral.

La belleza despierta los actos del alma.

Debe temerse sólo aquello que puede redundar en perjuicio de otro, no lo demás, que no infunde temor alguno.

Conocerás por la experiencia lo salado del pan ajeno, y cuán triste es subir y bajar las escaleras en un piso ajeno.

La naturaleza es el arte de Dios.

Es sabido que dura poco en una mujer la ardiente llama del amor, cuando las miradas y las manos son incapaces de avivarla de continuo.

Debemos avanzar hacia dolores más profundos, ya que no se nos permite permanecer acá.

Fui informado de esa tortura, que era el Infierno de los pecados carnales cuando las razones dan paso al deseo.

Así que, ahora, junto a mí, llegó esa brutalidad que no conoce la paz, y me llevó paso a paso de regreso al lugar donde el Sol calla.

El secreto para que las cosas sean hechas está en hacerlas.

Se sabe cuan poco dura en la mujer la ardiente llama del amor, cuando la mirada y la mano, no son capaces de avivarla de continuo.

Sé como una torre firmemente establecida; No se sacude su parte superior ante cualquier ráfaga que sople.

Ser grósero con él, fue cortesia.

La rígida justicia que me hiere se sirve del lugar en el que pequé para que ponga en fuga más suspiros.

Todo aquello que es creado tiene un fin en sí mismo, y así se engendra la forma que hace que el universo se parezca a Dios.

Es necesario aquí dejar todo recelo;

La gloria de Aquel que anima todo penetra a través del Universo, y resplandece en unas partes más y en otras menos.

No hay nada que temer, nada puede privarnos de nuestro destino, es un regalo.

No hay mayor dolor en el infortunio que recordar el tiempo feliz.

El amor insiste para que vuelva del amado el amor.

El vino siembra poesía en los corazones.

Consideren sus orígenes: no fueron hechos para vivir como bestias, sino para seguir a la virtud y el conocimiento.

Ese precioso fruto por el cual los hombres emprenden una ansiosa búsqueda en diferentes parejas, será dado hoy a tu alma hambrienta.