¿Los pobres serían lo que son, si nosotros fuéramos lo que debiéramos ser?

¿Quién hay que no sea justiciable de alguna de estas dos grandes faltas. hacer verter lágrimas, o no haberlas enjugado?

¿Y no te parece que hay algo de repugnante y de impío en esa infelicidad que olvida al infortunio?¿Y no te parece que Dios debe negar la entrada en su reino al dichoso que no lleve sobre su cabeza la bendición de algún triste?

Las grandes obras de caridad han tenido siempre pequeños principios, como si necesitasen en su origen el sello de la humildad y de la modestia, sin los cuales no pueden vivir.

La educación de las mujeres hasta aquí podría llamarse, sin mucha violencia: Arte de perder el tiempo.

La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano.

Es raro, muy raro, que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a la orilla.

Es muy raro que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a su orilla.

El dolor es la dignidad de la desgracia.

En muchos casos hacemos por vanidad o por miedo, lo que haríamos por deber.

La compasión, buena siempre, es en muchos casos la celestial precursora de la justicia.

Sustituir el amor propio por el amor a los demás es cambiar un tirano insufrible por un buen amigo.

Todo lo que endurece, desmoraliza.

A veces damos el nombre de favor a la justicia, y creemos de muy buena fe que fuimos buenos y generosos cuando no hemos sido más que justos.

El que no recibe más que impresiones gratas, se degrada física y moralmente, se envilece sin remedio.

El que discurre con pocas ideas es fácilmente avasallado por una.

No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.

Las defensas innecesarias se convierten en ataques injustos.

La sociedad paga muy caro el abandono en que deja a sus hijos, como todos los padres que no educan los suyos.

La felicidad es ciega, sobrado arrogante para ver precipicios bajo las flores que cubren su camino.

El error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea.

El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras.

Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen.

El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda.

Un hombre aislado se siente débil, y lo es.

La palabra, que se nos ha dado para decir la verdad y consolar el dolor, no debe permanecer muda ante la injusticia, el error y la desgracia.

El saber no parece obligatorio sino al que sabe ya.

El amor es para el niño como el sol para las flores; no le basta pan: necesita caricias para ser bueno y ser fuerte.

La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.

Las cadenas se rompen con ideas y no a bayonetazos.

Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.

La democracia, como la aristócracia, como todas las instituciones sociales, llama calumnias a las verdades que le dicen sus enemigos y justicia a las lisonjas de sus parciales.

Hay tanta justicia en la caridad y tanta caridad en la justicia que no parece loca la esperanza de que llegue el día en que se confundan.

Toda gran falta es un acto de egoísmo.

Cuanto más se dividen los obstáculos son más fáciles de vencer.

Los grandes egoístas son el plantel de los grandes malvados.

La injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado.

Proteger el trabajo es proteger la virtud, consolar dolores, arrancar víctimas al crimen y a la muerte.

El mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas, es imitarlas.

Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie.

Por desgracia son más faciles de contar los que recuerdan los beneficios que los que los olvidan.

El hombre aislado se siente débil y lo es.

El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído.

El tedio es una enfermedad del entendimiento, que no acomete sino a los ociosos.

Absurdo seria pedir al cálculo lo que puede dar la abnegación.

La caridad es un deber; la elección de la forma, un derecho.

El aburrimiento es la suprema expresión de la indiferencia.

Si la honradez no fuera un deber, debería ser un cálculo.

No hay animal tan manso que atado no se irrite.