Dichosos aquellos que son capaces de entender el lenguaje de las flores y de las cosas mudas.

Delincuencia: la mayoría de ellos nunca conocierón, la dulzura del hogar y nunca vivierón.

¡Ah qué grande es el mundo a la luz de las lámparas!

¡Hombre libre, siempre adorarás el mar! El mar es tu espejo; contemplas tu alma En el desarrollo infinito de su oleaje, Y tu espíritu no es un abismo menos amargo.

¡Ay los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito.

¡Ah! ¡no haber parido todo un nudo de víboras, Antes que amamantar esta irrisión! ¡Maldita sea la noche de placeres efímeros En que mi vientre concibió mi expiación!

¿Qué le importa la condena eterna a quien ha encontrado por un segundo lo infinito del goce?

Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al león.

¿Quién se atrevería a asignar al arte la función estéril de imitar a la naturaleza?

¿Quiénes son los infortunados a quien la tarde no calma, y toman, como los búhos, la llegada de la noche por señal de aquelarre?

La música sondea al cielo.

El odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.

Hay mujeres que inspiran deseos de vencerlas o de gozarlas; pero ésta infunde el deseo de morir lentamente ante sus ojos.

Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.

En un acto social, cada uno disfruta de los demás.

Oh Lesbos, donde los besos lánguidos o alegres, ardientes como soles, frescos como sandías, son adorno de noches y días de gloria.

La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.

Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.

A cada minuto nos sentimos aplastados por la idea y la sensación del tiempo. Y no hay más que dos recursos para escapar a esa pesadilla, para olvidarla: el placer y el trabajo. El placer nos gasta. El trabajo nos fortifica. Elijamos.

Desconfiad de la luna y de las estrellas, de la Venus de Milo, de los lagos, de las guitarras, de las escaleras de cuerda y de todas las novelas ¡Pero amad vigorosamente!.

La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.

Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: El derecho al desorden y el derecho a marcharse.

No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él.

El tedio, fruto de la triste falta de curiosidad.

La inspiración viene de trabajar todos los días.

Los monstruos devoran al hombre en soledad.

Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse.

Hay que ser sublime sin interrupción.

Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar.

El más irreprochable de los vicios es hacer el mal por necedad.

El alma es cosa tan impalpable, tan inútil a menudo, y en ocasiones tan molesta, que, al perderla, no sentí más que una emoción algo menor que si se me hubiera extraviado, yendo de paseo, una tarjeta de visita.

También las cosas horribles tienen su encanto; pero sólo ciertos espíritus fuertes sienten su embriaguez.

Todas esas fantasmagorías son casi tan bellas como los ojos de mi hermosa amada, la locuela monstruosa de ojos verdes.

Consentir que nos condecoren es reconocer al Estado o al principe el derecho de juzgarnos, ilustrarnos, etc.

Una gran sonrisa es un bello rostro de gigante.

Aquel que nunca se despertó en un lecho anónimo, al lado de un rostro que ya no volverá a ver; y no salió de un burdel al alba, con ganas de tirarse a un río por asco físico de la existencia, se ha perdido algo.

Para el comerciante, incluso la honestidad es una especulación financiera.

La danza puede revelar todo lo misterioso que está oculto en la música, y tiene el mérito adicional de ser palpable y humano. La danza es poesía con brazos y piernas.

Los encantos de lo horrible no embriagan más que a los fuertes.

Hay que ser sublime sin interrupción. El dandy debe vivir y morir ante el espejo.

Bella soy, ¡oh, mortales!, como un sueño de piedra, y mi seno, que a todos por turno a torturado, fue hecho para inspirar al poeta un amor tal como mi materia, inmortal y callado.

Existen sólo tres seres que son dignos del respeto: el sacerdote, el soldado, el poeta. Saber, matar, crear.

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa.

La fatalidad posee una cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana.

El sentido común nos dice que las cosas de la tierra existen sólo un poco, y esa realidad es sólo en sueños.

Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir.

Las naciones son como ciertas familias; sólo a pesar suyo tienen grandes hombres.

El mal está comprometido sin esfuerzo, naturalmente, fatalmente; la bondad es siempre el producto de algún arte.

No hay excusa para la maldad; pero el que es malo, si lo sabe, tiene algún mérito; el vicio más irreparable es el de hacer el mal por tontería.