Pero la grande, la tremenda verdad es ésta: sufrir no sirve de nada.

Si usted desea viajar lejos y rápido, viaje con poco equipaje. Quítate tus envidias, celos, rencor, egoísmo y miedos.

Es hermoso escribir porque reúne las dos alegrías: hablar uno solo y hablarle a la multitud.

Es verdad que sufriendo se puede aprender muchas cosas. Lo malo es que al haber sufrido hemos perdido fuerzas para servirnos de ellas.

No conoce su propia fuerza quien no se haya enfrentado a la adversidad.

El arte de vivir es el arte de aprender a creer en las mentiras.

Cuando somos jóvenes lamentamos no tener una mujer, cuando nos hacemos viejos lamentamos no tener a la mujer.

Todo el problema de la vida es éste: cómo romper la propia soledad, cómo comunicarse con otros.

Escribir poesía es como hacer el amor: nunca se sabrá si la propia alegría es compartida.

La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta esa sensación uno quisiera morir.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

La sorpresa es el móvil de cada descubrimiento.

El futuro vendrá de un largo dolor y un largo silencio.

No es que el niño vive en un mundo de imaginación, sino que el niño dentro de nosotros sobrevive y comienza en la vida sólo en raros momentos de recogimiento, que nos hace creer, ¿y no es cierto, que, como niños, éramos imaginativos?

Los últimos años de vida son como el final de una fiesta de disfraces, cuando se sacan las máscaras.

El amor tiene la virtud de desnudar no a los dos amantes uno frente al otro, sino a cada uno delante de sí.

Si es cierto que nos acostumbramos al dolor, ¿cómo es que con el paso de los años sufrimos cada vez más?

Hay algo más triste que envejecer, y es seguir siendo niño.

No recordamos días, recordamos momentos.

La fuerza de voluntad es sólo la resistencia de la propia disposición. Uno no puede aumentarla ni en una sola onza.