Lo asombroso existe en la medida que existen premisas y vínculos que han sido inexplicablemente violados.

La principal enfermedad del hombre es la curiosidad inquieta de lo que no puede conocer.

Las nobles acciones que se esconden son las más apreciadas.

Si un artesano estuviese seguro de soñar por espacio de doce horas que es rey, creo que sería casi tan feliz como un rey que soñase doce horas que es artesano.

Puesto que no podemos saber todo lo que hay que saber sobre cualquier cosa, tenemos que saber un poco de todo.

Las acciones feas son más estimables cuando están ocultas.

Antes de convencer al intelecto es imprescindible tocar y predisponer al corazón.

Siempre se admira aquello que en realidad no se entiende.

¿Quieres que hablen bien de ti? No hables bien de ti mismo.

¿Por qué la costumbre no es natural? Mucho me temo que la naturaleza no es más que una primera costumbre, como la costumbre es una segunda naturaleza.

¿Puede haber algo más ridículo que la pretensión de que un hombre tenga derecho a matarme porque habita al otro lado del agua y su príncipe tiene una querella con el mío aunque yo no la tenga con él?

Las miserias de todos los hombres se derivan de no poder sentarse tranquilos en una habitación estando solos.

¡Qué cosa tan vana es la pintura, que suscita admiración por su semejanza con cosas que no admiramos en el original!

Si quieres convencer a los demás, debes parecer dispuesto a que te convenzan.

¿Qué es el hombre dentro de la naturaleza? Nada con respecto al infinito. Todo con respecto a la nada. Un intermedio entre la nada y el todo.

¿Algo puede ser más estúpido que el que un hombre tenga derecho a matarme porque vive al otro lado de un río y su gobernante tiene una disputa con el mío, aunque yo no haya tenido una disputa con él?

¿Por qué me matas? ¿Y qué, no estás al otro lado del agua? Amigo mío, si estuvieras de este lado sería injusto matarte y yo sería un asesino. Pero, como estás al otro lado, esto es justo y yo soy un valiente. ¡Bonita justicia la que tiene por límite un río!

¿Es la prisa la pasión de los necios?

¿Quién se siente desgraciado por no ser rey, sino un rey destronado?

La creencia es una apuesta acertada. Dado que la fe no puede ser probada, ¿qué daño vendrá a ti si juegas en su verdad y demuestra que es falsa? Si tú ganas, ganas todo; Si pierdes, no pierdes nada. Apuesta, luego, sin dudarlo, que Él existe.

Esforcémonos en obrar bien: he aquí el principio de la moral.

La felicidad no existe sin nosotros ni dentro de nosotros. Está en Dios, tanto sin nosotros como dentro de nosotros.

A la verdad se llega no solo por la razón, sino también por el corazón.

El encanto de la fama es tan grande que nos gusta cada objeto al cual está conectado, incluso la muerte.

En cada acción debemos mirar más allá de la acción en nuestro estado pasado, presente y futuro y en otros a quienes los afecta y ver las relaciones de todas esas cosas. Y entonces seremos muy cautelosos.

El egoísta odia la soledad.

La fe es diferente a la prueba; este último es humano, el primero es un regalo de Dios.

La moral es la ciencia por excelencia; es el arte de vivir bien y de ser dichoso.

El rey está rodeado de gentes que no piensan sino en divertirlo y en impedir que piense en sí mismo. Porque, por muy rey que sea, es desgraciado si piensa en ello.

El hombre es una caña, la más débil de todas, pero una caña que piensa.

Para perdonar no hace falta abrazar, ni siquiera saludar. Basta mirar con amor y sonreír. La sonrisa es a veces el mejor abrazo.

Miseria del hombre sin Dios implica felicidad del hombre con Dios.

Es curioso que muchas veces amar a otro es amar ciertas cualidades que pueden perderse. Nunca se ama la persona; se aman las cualidades.

El ateísmo muestra fuerza mental, pero solo hasta cierto punto.

Poca cosa nos consuela porque poca cosa nos aflige.

Nuestra naturaleza está en movimiento. El reposo absoluto es la muerte.

Si todos los hombres supieran lo que otros dicen de ellos, no habría ni cuatro amigos en el mundo.

Los mejores libros son aquellos que quienes los leen creen que también ellos pudieron haberlos escrito.

La grandeza de un hombre consiste en saber reconocer su propia pequeñez.

La fuerza de la virtud de un hombre no debe medirse por sus esfuerzos especiales, sino por sus actos habituales.

La Fe dice lo que no dicen los sentidos, pero no lo contrario de lo que ven. Está por encima de ellos pero no contra ellos.

Los hombres son tan necesariamente locos que sería estar loco, con otro género de locura, no estar loco.

Cuando no se ama demasiado no se ama lo suficiente.

La felicidad total del hombre consiste en disfrutar de la estimación de los demás.

El arte de persuadir consiste tanto en el de agradar como en el de convencer; ya que los hombres se gobiernan más por el capricho que por la razón.

Toda religión que no afirme que dios está oculto, no es verdadera.

Nos gusta la seguridad: nos gusta que el Papa sea infalible en materias de fe, y que los médicos de muerte lo sean en cuestiones morales para que podamos sentirnos tranquilos.

La grandeza de un hombre está en saber reconocer su propia pequeñez.

Sólo hay dos clases de personas coherentes: los que gozan de Dios porque creen en él y los que sufren porque no le poseen.