El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza.

Un matrimonio sin conflictos es casi tan inconcebible como una nación sin crisis.

En la primavera del amor los amantes hablan de lo porvenir; en el ocaso hablan de lo pasado.

La cualidad más importante en un líder es la de ser reconocido como tal. Todos los líderes cuya aptitud se cuestiona, claramente carecen de fuerza.

En toda batalla, en todo asunto, existe una ocasión, a veces muy fugaz, de ser vencedor.

Hay que dar al alma todas las formas posibles. Es un juego sagrado que Dios nos ha confiado y debemos alimentarlo con lo más precioso que podamos encontrar.

Los enamorados creen siempre, y por error, que su amor ha nacido gracias al encuentro de un ser excepcional. La razón es más bien que el amor preexistente busca su objeto en el mundo y, si no lo encuentra, lo crea.

Un libro es un regalo estupendo, porque muchas personas sólo leen para no tener que pensar.

Se llega a veces a pensar que la causa de los suicidios puede ser la necesidad que experimenta un hombre que lleva una vida monótona y triste de sorprenderse a sí mismo, y hasta de divertirse, por medio de una acción extraordinaria.

La fortuna, el triunfo, la gloria, el poder, pueden aumentar la felicidad, pero no pueden crearla. Sólo los afectos la dan.

Las palabras acercan, los silencios destruyen.

Es difícil crear ideas y fácil crear palabras; de aquí el éxito de los filósofos.

La conversación se mejoraría enormemente por el uso constante de cuatro simples palabras: Yo no lo sé.

La ley registra las costumbres.

No hay secretos para triunfar. En la práctica todas las teorías se derrumban. Todo se reduce a la suerte y a una larga paciencia.

El nacimiento del amor, como todo nacimiento, es obra de la naturaleza. Es más tarde cuando el arte interviene.

El negocio es una combinación de la guerra y el deporte.

En los inicios de un amor, los amantes hablan de futuro; en sus postrimerias, del pasado.

Una fórmula para alcanzar la celebridad puede ser ésta: expresar ideas sencillas con claridad, ingenio y cortesía.

La confidencia descubre quién era o no digno de ella.

El mejor medio para salir airoso de una conversación difícil es irse a ella sin preparación alguna.

Hay que evitar que entre dos que se quieren se interpongan las palabras irreparables.

No hay que detestar que los inferiores nos mientan un poco; a veces es una señal de reposo.

No basta un gran amor para retener a la persona que se ama, si al mismo tiempo no llenamos su existencia de un rico contenido, innecesariamente renovado.

Del origen primero del mundo derivase una cadena de causas.

Las leyes no son crueles ni suaves; son inmutables, y, como tales, previsibles, cuadros fijos en cuyo interior incumbe al hombre diseñar lo mejor que sepa su destino.

Los hombres y mujeres no nacen inconstantes: son hechos así por sus primeras experiencias amorosas.

Envejecer no es más que un mal hábito que una persona ocupada no tiene tiempo para formar.

La vida es un juego del que nadie puede retirarse, llevándose las ganancias.

Los hombres tienen necesidad de ser amados para ser felices y de ser más o menos poderosos para ser amados. El hombre que puede prescindir de ser amado puede prescindir de todo.

Se dice que las personas que no pierden el optimismo a lo largo de su existencia, es que han tenido una infancia feliz.

El artista se diferencia de los otros mortales en que él ofrece al sarcasmo público no sólo su físico y su moral, sino su obra.

Cultura es lo que queda después de haber olvidado lo que se aprendió.

Una vida grande nace del encuentro de un gran carácter y una gran casualidad.

El origen de todos los males es la codicia.

Saben realmente vivir aquellos que se comparan fundamentalmente con gente que les va peor que a ellos.

El ser más insignificante puede ser amado, si sabe organizar la incertidumbre.

Una ilusión eterna, o por lo menos que renace a menudo en el alma humana, está muy cerca de ser una realidad.

El horizonte es negro, la tempestad amenaza; trabajemos. Este es el único remedio para el mal del siglo.

Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa.

El arte de leer es, en gran parte, el arte de volver a encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor.

No nos hemos de hacer esclavos de ambiciones y deseos que no tenemos y que los mediocres nos sugieren para dominarnos.

En amistad, como en amor, no se vuelve con placer más que a los seres con los cuales nos está permitido ser nosotros mismos sin rigidez y sin mentira.

El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse.

La memoria es una gran artista. Por cada hombre y cada mujer crea la recolección de su vida en una obra de arte y un recuerdo infiel.

Cuando nos atacamos los unos a los otros, los golpes dan generalmente sobre una máscara de hierro. Nunca atacamos al hombre que está debajo de la máscara, porque no le conocemos; pero si le conociéramos, no le atacaríamos, porque nos parecería bueno, de nuestra misma bondad.

La acción es lo único que tiene valor. Soñar que se juega al tenis no es nada. Leer libros de tenis no es nada. Jugar al tenis es un gran placer.

Sin una familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla de frío.

El verdadero mal de la vejez no es el debilitamiento del cuerpo sino la indiferencia del alma.