Si exagerásemos nuestras alegrías como lo hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían toda su importancia.

¡El sufrimiento! A él debemos todo el bien dentro de nosotros, todo lo que le da valor a la vida; a él debemos la pena, a él debemos la valentía, a él debemos todas las virtudes.

¿Qué vale la verdad, fría y desnuda, frente al atractivo resplandor de la mentira?

Hasta que uno no ha amado un animal, una parte del alma sigue sin despertar.

Su experiencia, tantas veces sucede, le hizo desconocer la verdad.

¡Qué tontería puede ser mayor que pensar que todo este exquisito entretejido del cielo y la tierra podría surgir por casualidad, cuando todas las habilidades de las artes son incapaces de crear el simple caparazón de una ostra!

¿Que es viajar? ¿Cambiar de lugar? No. Cambiar de ilusiones y de prejuicios.

En la vida hay que tener en cuenta el azar. El azar, en definitiva, es Dios.

Los males imaginarios no existen. Todos los males son reales desde el momento en que se experimentan, soñar el dolor es un verdadero dolor.

Las victorias de los pueblos siempre son debidas a la inteligencia de los generales y al valor de los soldados; y las derrotas a la fatalidad.

El pudor es una hipocresía enorme, aunque corriente, y consiste en no decir sino rara vez lo que se piensa continuamente.

Los hombres mediocres, que no saben que hacer con su vida, suelen desear el tener otra vida más infinitamente larga.

Imaginar es todo, saber no es nada.

El porvenir es un lugar cómodo para colocar los sueños.

La humildad que no abunda entre los doctos, aún es menos frecuente entre los ignorantes.

Lo admirable no es que existan las estrellas sino que el hombre haya podido dar cuenta de su existencia.

No hace ninguna falta que los buenos ejemplos sean verdad. Basta que sean de verdad ejemplares.

Las gentes dichosas no conocen gran cosa de la vida: el dolor es el gran maestro de los hombres.

Un buen retrato es una biografía pintada.

Al final de nuestra vida, creo que las únicas cosas agradables serán las que soñamos y las que no llegamos a hacer.

La mujer es embellecida por el beso que ponéis sobre su boca.

La razón, la orgullosa razón, es cruel y caprichosa. La santa ingenuidad del instinto es la única verdad, la única certidumbre que el hombre puede tener a su alcance en esta ilusoria vida, en la que tres cuartas partes de nuestros males nos vienen de la razón.

Las razones de nuestros actos son oscuras y los resortes que nos impelen a la acción quedan profundamente ocultos.

Ella vive en mí y no morirá sino a mi muerte. Es lo que hemos amado en la discontinuidad y en la dispersión de la vida lo que amaremos en la unidad, en la pureza, en la simplicidad de una memoria fiel.

Se aprende a hablar hablando, a estudiar estudiando, a correr corriendo, a trabajar trabajando; exactamente de la misma manera que se aprende a amar amando.

La humildad, que no abunda entre los doctos, aún es menos frecuente entre los ignorantes.

La oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en alguna pared, el ignorante permanece tranquilo en el centro de la estancia.

La moral descansa naturalmente en el sentimiento.

Su experiencia, como tantas veces sucede, le hizo desconocer la verdad.

Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas.

Unas nueve décimas de la educación es ánimo.

Sólo las mujeres y los médicos saben cuán necesaria y bienhechora es la mentira.

Cuando no existen leyes, el que manda no es más que un tirano, y los que obedecen no son otra cosa que esclavos.

El ingenio, sin el carácter, no vale nada.

Aun los más inocentes deseos tienen esto de malo: que nos sujetan a otros y nos hacen sus siervos.

Nuestra opinión de las acciones humanas depende siempre del placer o el dolor que nos causan.

No hay castos; solamente hay enfermos, hipócritas, maniacos y locos.

La educación no es cuánto uno se haya aprendido de memoria o incluso cuánto uno sabe. Se trata de ser capaz de diferenciar entre lo que uno sabe y lo que no.

Los amantes que se aman verdaderamente no escriben su felicidad.

La vejez conduce a una tranquilidad indiferente que asegura la paz interior y exterior.

El árbol de las leyes ha de podarse continuamente.

Es preciso elevarse con las alas del entusiasmo. Si se razona, no se volará jamás.

Las verdades que revela la inteligencia permanecen estériles. Sólo el corazón es capaz de fecundar los sueños. Él vierte jugo vital en todo lo que ama. El sentimiento es el que arroja sobre el mundo las semillas del bien.

Todos los cambios, incluso el más anhelado, tienen su melancolía; porque dejamos atrás una parte de nosotros mismos; debemos morir una vida antes de poder entrar en otra.

Nada es infinito en el universo salvo la estupidez de los hombres.

Para digerir la sabiduría se precisa haberla devorado con apetito.

El pasado es la única realidad humana. Todo lo que es, es pasado.

Entonces, como no estudiaba nada, aprendía mucho.

Toda la justicia social descansa en estos dos axiomas: El robo es punible y el producto del robo es sagrado.