Pon tu esfuerzo y tu dedicación en lo que realmente estas preparado, no en lo que no te corresponde.

Cuando se necesitan brazos, el socorro en las palabras no sirve de nada.

Nuestro carácter nos hace meternos en problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos.

Nunca desprecies lo que parece insignificante, pues no hay ser tan debil que no pueda alcanzarte.

Ningún acto de bondad, por pequeño que sea, es desperdiciado.

La tortuga dice que su propio caparazón es el hogar ideal.

Recuerda siempre que lo que bien se ve, no se puede ocultar con la mentira.

Quien mucho sufre, mucho aprende.

La injuria que hacemos y la que sufrimos no son pesadas en la misma balanza.

Complace a todos y no complacerás a nadie.

Los dioses ayudan a los que se ayudan a sí mismos.

El consejo dado a un necio es como perlas arrojadas al muladar.

Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán.

Mejor es morir de una vez que vivir siempre temiendo por la vida.

La unión hace la fuerza y la discordia debilita.

La insignificancia es siempre una garantía de seguridad.

Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.

Las palabras que no van seguidas de hechos, no valen nada.

Los malvados suponen que ya os hacen bien con no haceros nada malo.

La rueda más deteriorada del carro es la que hace más ruido.

Los verdaderos amigos se encuentran en las desgracias.

Colgamos a los ladronzuelos y elegimos a los grandes ladrones.

Las apariencias a menudo engañan.

Solamente nuestra imaginación limita el nivel de nuestro éxito, y no se desperdicia ningún acto de bondad, por pequeño que sea.

El ejemplo es el mejor precepto.

Colgamos a los ladronzuelos y a los grandes los nombramos a la oficina pública.

La aventura vale la pena.

Nunca confíes en el consejo de un hombre en apuros.

Poco a poco y con esfuerzo se gana la carrera.

Complace a todos, y no complacerás a ninguno.

Una corteza que se come en paz es mejor que un banquete donde toma parte la ansiedad.

Mejor es ser sabio por las desgracias de los demás que por las propias.